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¿Traicionada? Mi Nuevo Esposo es un Príncipe romance Capítulo 10

La Maestra Natalia preguntó, llena de preocupación: —¿Qué fue lo que ocurrió con esa dama de los Sotomayor para que ya no soporte vivir con su esposo?

Lucía no supo qué responder.

Si no hubiera experimentado el amargo y trágico final de su vida pasada, habría conservado su intachable posición como esposa del Heredero del Marquesado en el Palacete de los Sotomayor hasta el final de sus días. Para la alta sociedad, su único infortunio era no poseer el amor verdadero de su marido ni haber concebido un hijo propio. ¡Por Dios! Ninguna de esas razones justificaba solicitar un Pacto de Separación.

Temiendo alarmar a su maestra, esbozó una sonrisa conciliadora: —Tal vez sean solo quejas de mujer. Dudo que las cosas lleguen al extremo de una ruptura formal.

La mujer mayor, astuta como siempre, supo leer entre líneas. Si Lucía había ido hasta su casa expresamente para indagar sobre el tema, definitivamente no se trataba de simples quejas.

Pero entendió que, siendo la Señora de la casa en el Palacete de los Sotomayor, Lucía cargaba con responsabilidades. Si no quería dar detalles, no la presionaría.

Aun así, la Maestra Natalia le ofreció un consejo desde el fondo de su corazón: —La vida de una mujer es un sendero cuesta arriba. Si he pasado mi vida entera sin casarme, es solo porque mis padres murieron pronto, no tuve hermanos, y mi relación con mis parientes era muy distante, así que nadie pudo obligarme a nada. Además, soy de carácter terco y tengo la bendición de poder mantenerme por mí misma. No dependo de nadie ni soy un estorbo para otros.

—Si me permites ser franca, y a riesgo de sonar escandalosa, ¿cuántas mujeres en este mundo tienen mi misma «suerte»?

—Una mujer común, una vez casada, a menos que la situación sea verdaderamente de vida o muerte, lo mejor es que aparte sus esperanzas del marido. Si se enfoca en vivir su propia vida, criar a los niños y administrar el hogar, siempre encontrará la manera de salir adelante.

Lucía bajó levemente la mirada: —Tiene toda la razón, maestra.

Ambas charlaron un poco más, y Lucía se dedicó a preguntar con genuino interés sobre la salud y el bienestar de su mentora.

La Maestra Natalia sintió un cálido consuelo en su corazón y sonrió con ternura: —Mis achaques siguen siendo los mismos. Mis articulaciones duelen menos cuando brilla el sol, y empeoran con los días nublados. En el día a día no tengo grandes preocupaciones, mi tiempo se va entre mis libros y preparar mis fragancias.

Mientras hablaba, dirigió su mirada hacia un pequeño pebetero de bronce con figuras grabadas, del cual se elevaba una fina columna de humo, tan suave y blanco como la niebla.

—Sigue usando esencia de sándalo.

Lucía reconoció de inmediato el aroma. Era la fragancia inconfundible que su maestra prefería desde siempre.

La Maestra Natalia asintió, sonriendo plácidamente.

Capítulo 10 1

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