Leticia volteó hacia donde venía el ruido.
Una pelirroja se acercaba corriendo hacia ella.
Joker se puso alerta al instante.
"Mandy."
Leticia escuchó que su compañero la llamaba de esa manera.
"¿Viniste también a la fiesta?", dijo la chica refiriéndose a Leticia.
"Así es," asintió Leticia.
"¡Eres muy guapa!" Mandy la miraba de arriba abajo, sin tapujos.
Leticia sonrió y dijo: "Tú también eres muy bonita".
Mandy se ruborizó y luego dijo: "Ya entendimos, no amenazaste ni intimidaste a la gente del pueblo para que se fueran, al contrario, los defendiste de sus errores. ¡Fue Jerry quien nos engañó! ¡Solo quería hacer un gran escándalo para conseguir más material para grabar!"
"Qué bueno que ya lo entendieron," respondió Leticia con indiferencia.
"¡Leticia!"
La voz de Leonardo Santos llegó con un tono de terror, desde no muy lejos.
Antes de que Leticia pudiera reaccionar, Leonardo se lanzó hacia ella, la agarró y se la llevó corriendo.
"Leonardo, ¿qué estás haciendo?" Joker se asustó y también corrió tras ellos.
Al Leonardo asegurarse de que Mandy no los había seguido, finalmente se detuvo: "¡¿Cómo puedes hablar con ella?! ¡Está un poco loca!"
"¿Qué pasó?" Preguntó Leticia, curiosa.
¿Desde cuándo Leonardo había comenzado a huir a causa del miedo?
"¡Dijo que quería ser mi novia!" Leonardo bajó la voz, sonaba muy desesperado: "¡Y me envió unos mensajes muy... directos!"
"¿Mensajes directos?" Leticia estaba sorprendida.
"¡Dijo que quería tocar mis músculos!" Leonardo se agarraba el pelo, "¡No lo entiendo, estoy en shock! ¡Me voy de esta isla mañana! ¡Esto es un horror!"
Leticia: "......"
Por la seguridad de Leticia, Leonardo no la dejó acercarse demasiado.
Leticia solo pudo mirar un rato desde lejos.
Cuando la multitud se dispersó, se acercó al lugar de oración y cogió un ramo de flores blancas que estaba al lado.
Hizo una reverencia con respeto.
Cerró los ojos y rezó en silencio.
"Dioses, por favor, protejan a mi amado Israel, permítanle superar los peligros y regresar a mi lado. Juro que cuidaré de todos los seres de esta isla, y de los del mar. Por favor... tráiganlo de vuelta a mi lado."
Las lágrimas rodaban por sus mejillas, no podía contenerlas.
Leticia repetía esta oración una y otra vez en su mente.
No muy lejos.
Un hombre con una máscara, apoyándose en un bastón, escondía su figura alta y delgada en la oscuridad.
Su mirada estaba fija en Leticia, que rezaba con devoción.

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