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Tu Tutor, Tu Esposo, Tu Ex romance Capítulo 306

Cuando sus padres se fueron a trabajar al extranjero, Gloria se quedó a vivir en casa del señor Esteban, amigo de la familia.

La primera vez que se vieron, ella arrastraba una maleta enorme; el asistente de él fue quien la recogió.

Él estaba sentado en el sofá, con las piernas largas cruzadas; la luz tenue de la ventana caía sobre su rostro.

Tenía facciones duras y una mandíbula definida.

Transmitía una sensación de madurez y una frialdad que gritaba «no te acerques».

Gloria, que era súper extrovertida, lo saludó con mucho entusiasmo.

Él respondió con un «ajá» frío y distante.

Gloria no se sintió incómoda.

Casi no interactuaba con Esteban; siempre era ella quien lo saludaba efusivamente.

Pero las palabras de él eran contadas.

Por ejemplo, ella sentía que no estaba bien vivir y comer ahí gratis, así que se ofreció a hacer tareas del hogar.

Muy acomedida, le lavó la ropa, pantalones y hasta... su ropa interior.

Cuando Esteban la vio tendiendo la ropa, su cara se oscureció de inmediato.

—Gloria.

—Hay empleada doméstica, no viniste a ser la sirvienta.

Estaba muy serio, y Gloria se asustó un poco, sin saber por qué reaccionaba así.

Su voz era clara pero grave.

—Además.

—De ahora en adelante no entres a mi cuarto, y no te acuestes en mi cama.

Gloria no se acostó en su cama a propósito, fue sonambulismo.

Cuando despertó, él estaba parado en la puerta, mirándola con frialdad.

Su tono severo intimidó un poco a Gloria.

—Entendido, señor.

Al escuchar ese trato, la cara de Esteban no mejoró.

Al contrario, soltó una risa fría: —¿Señor?

—No soy tu señor.

Gloria se quedó callada, y solo atinó a sonreír nerviosamente.

—Ya no te diré así.

Esteban regresó a su habitación.

El aroma único de ella invadía el cuarto; esa fragancia suave se le metía por la nariz. Esteban respiró hondo, y apretó la mandíbula con furia.

Estaba en la edad de mayor vigor, y era un hombre normal.

Además, ella le gustaba.

Era difícil no sentirse atraído.

Ella aún era chica y no se daba cuenta de esas cosas.

Al día siguiente, Gloria desapareció temprano.

Esteban frunció el ceño al ver la casa vacía, pero no le dio muchas vueltas.

Se cambió y dejó que el chofer lo llevara a la empresa.

Al llegar a casa por la tarde, ella seguía sin aparecer.

Esteban se sentó en el sofá a esperar, hojeando el periódico con aburrimiento.

Ni cuenta se dio de que tenía el periódico al revés.

Gloria llegó muy tarde.

Había ido a una reunión con compañeros; el comportamiento de Esteban ayer le había servido de advertencia.

Vivía de arrimada, no podía tomarse tantas confianzas.

Esteban era el dueño.

Él habló lentamente, con un tono pausado.

—¿A dónde fuiste?

—¿Por qué llegas tan tarde? —había un toque de reclamo severo en su voz.

Gloria sintió un escalofrío.

—Fui a una reunión con compañeros.

¿Por qué le preguntaba eso de la nada?

Se disponía a ir a su cuarto cuando Esteban dijo en voz baja:

—De ahora en adelante llega temprano.

—Ah, sí, está bien. —Se escabulló rápido a su habitación.

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