Entrar Via

Un AMOR Extra Grande romance Capítulo 2

Escuché detrás de mí, sus risas cuando tropecé con la silla. A pesar de no ser carcajadas, eran suficientemente hirientes como para recordarme lo que siempre he sido cuando dejo de moverme con cuidado, un caos.

Caminé rápido, mi corazón latía con fuerza. Huyendo de ese momento. Sólo me sentí a salvo cuando entré a mi oficina. Tomé asiento frente a mi escritorio y respiré una y otra vez, intentando calmarme.

Comencé a revisar algunos pendientes, documentos, correos, fingiendo normalidad. Pero la ansiedad seguía allí. Tenía que calmarme antes de que él, mi jefe regresara. Escuché los pasos en el pasillo. Era él, había vuelto.

—Annie, ¿puedes venir un momento?

Su voz sonó desde la oficina contigua.

Me levanté de inmediato y fui hasta allá. Al entrar, él estaba de pie, junto al escritorio. Me observó apenas un segundo antes de hablar.

—Creo que esto es tuyo. —dijo extendiendo su mano.

Era mi postre. Lo había traído para mí.

—Lo dejaste en el restaurante —añadió, como si nada—. El mesonero me lo entregó. Pensé que bueno, que quizá lo querrías.

No supe darle las gracias en ese instante o si ocultar mi vergüenza. Sentí cómo el calor me subía al rostro.

Asentí con torpeza. Tenerlo frente a mí, siempre me ponía muy nerviosa.

—Gracias —murmuré—. Yo… lo olvidé.

Tomé la bolsa como si fuera algo frágil. Algo valioso. Para él, tal vez había sido un gesto mínimo. Pero para mí, era demasiado importante.

Salí de su oficina con las manos temblando.

Durante el resto de la tarde no pude concentrarme. Mis ojos recorrían informes, cifras, párrafos enteros que no retenía. Una y otra vez, sin permiso, volvía a ese instante. A la manera en que me había mirado. A ese gesto sencillo que nadie más habría notado.

¿Había sido solo amabilidad?

¿O había visto algo más?

El resto de la jornada transcurrió en silencio. Él no volvió a llamarme. Cuando miré el reloj, faltaban minutos para mi hora de salida. Conté segundo a segundo esos tres interminables minutos.

Finalmente salí de la oficina, con mi postre aún intacto en la bolsa. No sé si no deseaba comerlo por culpa o si en realidad deseaba conservarlo para siempre. Admito que esto último era algo estúpido de mi parte, ya que en pocos días se habría dañado.

Caminé hasta la estación del subterráneo y mientras esperaba su llegada, me senté en una banqueta y comencé a comerlo. Exageraría al decir que nunca antes comí un postre de chocolate y almendras como ese, pero había algo especial en ese trozo de pastel. Él, Thomas Miller se había ocupado en llevármelo.

Horas más tarde, cuando llegué a casa, mi madre estaba sentada en el sofá, con la mirada cansada y las manos temblándole levemente. Reconocí de inmediato ese gesto, tenía el azúcar alta. Con prisa me acerqué a ella.

—¿Te tomaste la pastilla? —pregunté.

Siempre su sombra 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Un AMOR Extra Grande