—Hija, me alegra mucho que Adriana y tú tengan quien las cuide, porque creo que ya no voy a estar mucho tiempo por aquí —le dijo la anciana.
—No diga eso, señora Wilson, le aseguro que muy pronto le van a dar el alta —murmuró Andrea con el corazón encogido.
—De cualquier forma ya no regresaré al departamento, hija. Vino una amable trabajadora social y creo que voy a aceptar esa oferta que rechacé hace unos años, me voy a una residencia.
Los ojos de Andrea se humedecieron y Zack pudo ver lo mucho que estaba peleando con aquella decisión, pero finalmente no le quedaba más que despedirse.
—Le prometo que vamos a ir a visitarla muy seguido, señora Wilson —le dijo—. Verá que se sentirá muy bien junto a otros abuelitos.
Para cuando salieron de allí, Zack vio que se limpiaba las lágrimas y abrazaba a su hija como si fuera su única defensa contra la tristeza.
—Ustedes son muy unidas, ¿verdad? —le preguntó.
—Bueno... el día que llegué a mi casa y la encontré vacía, ella llegó con un topper lleno de guiso —murmuró Andrea—. No es justo que la gente buena como ella no tenga quien la atienda, pero por más que quisiera, ahora mismo no tengo cómo cuidarla. Apenas si puedo cuidar de mi hija y de mí...
—Ella va a estar bien —le aseguró Zack—. Además, estoy seguro de que tu situación va a cambiar muy pronto, cuando seas la mejor representante deportiva de todo el país.
Andrea le sonrió con esperanza y Zack la llevó a casa. Tuvo que reconocer que le pesaba dejarlas en un lugar que solo tenía un colchón y una cuna, pero Andrea insistía en que la beba ya estaba bien y debían regresar a la normalidad.
Pasó esa noche pendiente del teléfono. Si le hubieran dicho que dormiría menos por no tener a la nena con él, no lo habría creído, pero cuando a las siete su teléfono sonó, Zack casi voló por encima de los muebles. Se arregló enseguida y media hora después pasaba por el edificio de Andrea.
—Sé que es mucho pedir, pero ¿por favor puedes llevarla a la guardería? —le pidió ella con ansiedad—. Me llamaron y tengo que presentarme en el juzgado en una hora.
—¿Pasó algo malo? —se inquietó Zack.
—¡No, al contrario! —respondió ella—. Estoy haciendo unos trámites y si logro completarlos, es posible que consiga los beneficios del gobierno para madres solteras, y eso de verdad es importante para mí.
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Os comentários dos leitores sobre o romance: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
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