Mark levantó la mano y chasqueó los dedos con la autoridad de quien está acostumbrado a controlarlo todo.
Un hombre apareció casi de inmediato a su lado, servicial.
—¿Señor?
—Cierra el evento. Desocupa el salón y el último piso del hotel —ordenó y el hombre inclinó la cabeza antes de recordar algo.
—Señor, hay un inconveniente —dijo en voz baja—. No se pudo desalojar completamente el piso superior. El alcalde tiene una reserva privada.
Lauren miró a Mark, pensando que su cita estaba a punto de terminar. Aquel hombre podía ser muy poderoso, pero nadie podía meterse con un pez tan gordo como el propio alcald…
—Muévanlo a otro hotel —ordenó Mark dejándola con la boca abierta—. Cubran los gastos y envíen disculpas. No quiero interrupciones esta noche.
Lauren ahogó un gemido de sorpresa cuando él la levantó contra su cuerpo y habló solo a un centímetro de su boca.
—Esta noche voy a hacerte un bebé, Lauren. —Y casi se escuchó más como amenaza que como promesa—. Y te garantizo que vas a disfrutarlo.
Las pupilas de Lauren se dilataron cuando él subió sus manos por aquella pared, interpretó la sorpresa como un “sí”, y cerró sus muñecas en un extremo de su cinturón antes de cerrar la otra alrededor de su garganta, dejando que sus pies apenas tocaran el suelo.
—Eso es… —susurró con el deseo vibrándole en la voz—. Tú quieres un hijo… —dijo con voz ronca mientras iba quitándole la ropa pieza por pieza—, y yo quiero que seas mía. Así que esta noche los dos vamos a tener lo que queremos.
Retrocedió un solo paso, y mientras soltaba cada botón de su bragueta Lauren no tenía ni idea de que Mark Ellison jamás la dejaría escapar.
—Ahora, preciosa… —ordenó él mientras la veía contener el aliento—. Abre las piernas.

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