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UN MATRIMONIO DE ESCÁNDALO romance Capítulo 3

03. ¿Te arriesgarás conmigo?

«¿Por qué no te conviertes en su madrastra?»

Layla creyó que había escuchado mal; no había otra explicación. Nathan no podía hablar en serio. Era un juego demasiado perverso, algo que… no debía ni contemplar.

—Solo tienes que decidirte, Layla. Una decisión que puede cambiar el rumbo de las cosas.

Un nudo se le formó en la garganta; su estómago se revolvió. Por mucho que pensaba, no encontraba lógica a la propuesta de Nathan. ¡Era el padre de Parker! ¿Cómo podía hacer esto?

—¿Quieres que Hanna y Parker te conviertan en la villana de esta historia? —preguntó, invadiendo su espacio personal, haciendo que fuera imposible hilar un solo pensamiento coherente.

Nathan tenía un magnetismo que no debía tener efecto en ella; sin embargo, lo tenía. Lo sentía. Su cuerpo temblaba a su cercanía. Nada de esto era correcto.

—Dime, Lay… ¿Te arriesgarás conmigo?

—¡¿Te has vuelto loco?! —medio preguntó, medio gritó Layla, saliendo de su estupor.

De repente, las manos de Nathan quemaron sobre sus hombros desnudos; lo tenía demasiado cerca para pensar.

—Solo un poco.

Layla negó y se apartó; necesitaba recuperar la claridad de sus pensamientos. No era una mujer que se dejara llevar; tenía que pensar en las ventajas y desventajas de bajar al gran salón y anunciar su ruptura. ¿Cómo iba a demostrar la infidelidad de Parker? Era su palabra contra la suya y seguramente Hanna iba a desmentirla. Ellos estaban juntos en esto; la hundirían sin ningún maldito reparo. Si no presentaba pruebas, tenía las de perder.

Nathan tenía razón, pero…

—Baja al salón ahora y continúa como si nada hubiese pasado. Eres actriz, sabes lo que tienes que hacer para convencer al público.

Layla apretó los puños preguntándose si podía confiar en el padre de su prometido. Hacerlo y no hacerlo era una maldita espada de doble filo. Ambas podían hacerle daño. Demasiado.

—El show debe continuar, nena —le dijo y el tono sorprendió de nuevo a Layla.

Lo que Layla no sabía era el interés sentimental que Nathan tenía en ella. Desde la primera vez que entró a su oficina cinco años atrás, el magnate se había sentido atraído no solo por su belleza, sino por lo que le hacía sentir sin proponérselo.

Layla era la primera mujer que llegaba sin intención de meterse a su cama; tenía un compromiso admirable por su trabajo. Ni una sola insinuación que llamó su atención.

Y eso era decir mucho. Durante sus años de viudez nunca contempló la posibilidad de volver a casarse; sus aventuras eran cuidadosamente elegidas. Mujeres discretas, mujeres de una sola noche, de aquellas que guardaban silencio con un costoso regalo.

Pero Layla había sido diferente; lastimosamente, ella se había fijado en Parker y, como el hombre honorable que era, se había hecho a un lado para favorecer a su hijo; sin embargo, Parker acababa de hacerle ver su error. Un error que no volvería a cometer.

Layla no respondió, pasó junto a Nathan y salió de la habitación. Las piernas le temblaban, pero se las arregló para ir al ascensor. La sangre le tronaba en los oídos; odiaba a Parker por dejarla en esta situación y se odiaba a sí misma por no haberse dado cuenta de la clase de miserable que era.

Lo que sentía por él no le dejó ver sus verdaderas intenciones.

—¿Amor…?

Ella se quedó de piedra cuando las puertas del ascensor se abrieron en la recepción; Parker estaba delante de ella con una sonrisa estudiada.

Bella le regaló una mirada altanera, pero no respondió.

—Te dejo, Parker —dijo, dirigiéndose a su hermano—. Chase me espera en la mesa.

Parker le devolvió la sonrisa y asintió. Se giró hacia Layla con la intención de regañarla, como siempre que Bella entraba en escena, pero antes de que dijera una sola palabra, Nathan volvió.

—Papá, ¿dónde estabas?

—Lo siento, Parker, tenía asuntos importantes que atender y que no podían esperar —respondió Nathan tomando una copa de champán; él bebió, pero su mirada estaba puesta sobre Layla. Midiendo su reacción.

Un nudo se instaló en la garganta de la joven actriz. ¿La echaría de cabeza? Si Parker presionaba para tener más detalles de esos “asuntos” importantes, ¿Nathan le diría que estuvo con ella en una de las habitaciones? Maldita fuera la incertidumbre y la zozobra que le hacía sentir esa penetrante mirada.

—¿Qué tipos de asuntos? —finalmente la pregunta de Parker llegó.

—Asuntos de los que no debes preocuparte, hijo. Disfruta de la fiesta, hoy no es cualquier día —respondió.

Parker asintió.

—Perdona que te deje un momento, amor. Voy a despedirme de mis amigos —murmuró Parker cuando Hanna se acercó a la puerta principal con intención de marcharse.

Layla se giró lo suficiente para ver la escena.

—Cuando tengas una respuesta, sabes dónde encontrarme, Lay —murmuró Nathan al oído de la joven, provocando que un escalofrío la recorriera—. El tiempo va corriendo y no está a tu favor… —agregó, dejándola en medio de la multitud, pero sintiéndose sola.

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