DAYANA
Esa noche dormí muy cómoda, el gruñón de mi jefe había cumplido con su palabra de respetar mi espacio. Ah, no, creo que solo ha sido porque no soy de su tipo, total, no me importa.
Estaba colocando mis zapatos de aguja, el jefe ya se había vestido y solo estaba arreglando algún detalle en el documento. Cuando levanté la mirada para preguntar algo, me percato de que él está ido observando mis pechos, bajo la mirada y me doy cuenta de que se me ha soltado un botón de mi blusa y se ve gran parte de uno de mis pechos.
Me pongo la mano apenada, mientras me abotono. ¡Cómo es posible que poco a poco le esté mostrando cada parte de mi cuerpo a este idiota! Me regañé en mi mente.
—Lo siento—. Alcancé a decir. Aunque tuvo que haber sido él quien se disculpara por metido, pero no, el muy mandón no dice nada, solo se limita a escribir algo en su computadora.
Yo siento la cara caliente y me imagino que estoy roja por la vergüenza, va a pensar el jefe que yo lo hice a propósito, pero en realidad, no me había dado cuenta del bendito botón y él, al parecer disfrutando la vista, pues no es por alagarme, pero Dios me bendijo con unos pechos grandes y rellenitos.
Este día habrá una reunión con el señor Bacaro. Según entendí, busca divorciarse de su esposa y quiere que este despacho lo represente. Sé que si se gana este caso, es una buena suma de dinero la que está en juego y la reputación de mi jefe estará por las nubes.
Salimos juntos del hotel y nos fuimos en un auto de alquiler, uno muy bonito. Yo como nunca he tenido un auto no conozco los modelos y tampoco es que me interese. Yo iba de copiloto, me quería subir a la parte trasera pero él me dijo que aquí era mejor, que no me iba a morder porque estuviera cerca de él.
Todo el camino fue silencioso, el único comentario que el hizo fue que odiaba manejar, pero que hoy le había dado el día libre a su chofer por lo tanto no tenía otra alternativa.
Llegamos al restaurante del hotel donde se hospedaba el señor Bacaro, ya su asistente nos estaba esperando. Luego llamó al señor y a los pocos minutos bajó este. Era un señor de baja estatura, fornido y un poco con barriga de embarazada, ja, ja, ja, lo sé, soy mala... pero la verdad así se veía.
Se acercó y saludó a mi jefe, luego preguntó que quien era la chica que lo acompañaba, a lo que mi jefe respondió que soy su asistente.
El señor me tomó una mano a modo de saludo, la levantó y puso un beso sobre ella diciendo que estaba encantado de conocerme, me trato de bella dama. También dijo que le gustaría que tuviéramos una cita después de la reunión, para acabar de ajustar la estupidez, me guiñó un ojo.


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