Ariel sonrió.
—Perdón. Se me escapó.
Se coló por delante de Agustín y entró primero al comedor, sentándose en su lugar habitual.
Agustín llegó de último. Quería sentarse junto a su amada, pero Isabela se sentó entre su madre y su abuela. Agustín no podía pedirle a ninguna de las dos que se moviera.
Se acomodó en su sitio de siempre.
Durante la cena, la abuela Mariaje estuvo pendiente de Isabela constantemente.
—Conozco bien las habilidades culinarias de Agustín. Fui su primera maestra de cocina. Hice algunos de los platos. Pruébalos, Isa.
No era ningún secreto que Isabela era exigente con la comida.
La abuela Mariaje le había pedido al chef que se luciera para la cena de esa noche. La comida tenía que estar a la altura de Isabela.
Aun así, la abuela Mariaje no podía quitarse la preocupación de encima. Cocinó algunos platos para Isabela. Habría preparado el festín completo si su edad no se lo hubiera impedido.
Isabela sonrió incómodamente. Tenía un paladar refinado y solo comía lo que le apetecía. Sin embargo, era la primera vez que conocía a la familia de Agustín. No podía ser quisquillosa.
—Abuela Mariaje, si usted le enseñó a Agustín a cocinar, debe ser una gran cocinera.
Isabela tomó comida con su cuchara delante de todos. Tenía que mostrarle respeto a la abuela Mariaje tragando la comida, incluso si no tenía sabor.
Con gran determinación, Isabela dio un gran bocado.
Sorprendentemente, la comida le supo familiar, muy parecida a la de Agustín.
Estaba deliciosa.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Unidos por la abuela