Poma era la hija de los Pino, la quinta familia más rica de Rubiola. Aunque no eran tan importantes como los Raya, la diferencia no era abismal.
Poma y Yadira habían sido compañeras de clase durante dos años. Completamente obsesionada con competir contra Yadira, Poma intentaba opacarla constantemente, pero siempre se quedaba corta, lo que reforzó su idea de que Yadira era su rival.
Al principio, Yadira no le hacía caso, pero la otra no dejaba de colmarle la paciencia. Yadira tampoco era una santa y tenía su carácter. Un día, finalmente se le acabó la paciencia y le devolvió el golpe a Poma, consolidando su enemistad.
Ahora, ambas trabajaban en los negocios de sus familias. Yadira había ascendido desde un puesto básico hasta vicepresidenta por mérito propio. Mientras tanto, Poma, que era menos capaz, solo tenía un puesto de adorno, lo que significaba otra derrota frente a Yadira.
Cuando Dayan empezó a pretender a Yadira, Poma se fijó en él. Aunque al principio no sabía quién era, igual se moría de envidia por lo guapo que era.
Al enterarse de que era uno de los multimillonarios Castell de San Magdalena, su envidia explotó. Aunque para entonces, Dayan ya había confesado que no podía amar a Yadira y había regresado a San Magdalena.
Después del viaje en vano de Yadira a San Magdalena, Poma se había burlado de ella en público, diciendo cosas como: —¿Y qué si eres una Raya? Por fin encontraste a alguien que te gustaba y te botó.
Incluso dijo que Yadira era una inútil por no poder amarrar el corazón de un hombre tan bueno como Dayan, y que si hubiera sido ella, a estas alturas ya sería la señora Dayan Castell.
Aunque Yadira la ignoró, los chismes de Poma se regaron por toda la alta sociedad, haciendo más profunda su enemistad.
Justo cuando Poma pensaba que por fin le había ganado una a Yadira, Dayan empezó a pretenderla de nuevo, lo que intensificó su envidia y su odio hacia ella.
Al ver que la búsqueda de Dayan era amargamente inútil, ahora ella merodeaba a su alrededor, con la esperanza de robárselo. Sin embargo, Dayan estaba demasiado obsesionado con su queridísima Yadira como para darse cuenta y seguía sin notar que ella existía.
Aunque él no se daba cuenta, los Raya no eran ciegos.
Ramona, temiendo que la de los Pino le quitara a su futuro yerno, tuvo que advertirle a su hija.

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