Respiró aliviado tras obtener un cumplido de Gerard.
Se preguntó qué le pasaba a Gerard esa tarde, ya que no prestó tanta atención a la reunión como antes.
En el pasado, Gerard pedía a todos que pusieran sus teléfonos en modo silencioso o los apagaran. Normalmente, él tampoco miraba su teléfono.
Sin embargo, Gerard colocó su teléfono sobre la mesa esa tarde y no lo silenció. Revisaba su teléfono de vez en cuando, como si estuviera esperando una llamada.
Los empleados no se atrevieron a preguntarle.
Solo podían adivinar lo que había pasado.
En ese momento, el teléfono de Gerard sonó. Inmediatamente lo agarró. Cuando vio que era Celestia quien llamaba, su mirada desganada desapareció al instante. Antes incluso de contestar la llamada, se le veía feliz, y las comisuras de sus labios se levantaron para formar una sonrisa.
Los empleados supieron que tenían razón. Gerard había estado esperando que alguien llamara.
Ese «alguien» era muy probablemente la señora Castell.
Solo ella tenía la capacidad de distraer a Gerard.
¿Habían peleado?
¿Estaba Gerard esperando a que Celestia cediera primero?
Eso era malo.
Cada vez que Gerard y Celestia peleaban, los empleados eran los que pagaban los platos rotos. Gerard empezaba a torturarlos y a hacer de sus vidas un infierno.
—Dirige la reunión un rato, Pol. Atenderé esta llamada fuera.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Unidos por la abuela