Gerard no fumaba ni bebía.
Su carga de trabajo no había disminuido, pero trataba de no trabajar hasta muy tarde, intentando descansar para las once de la noche.
En esa época, Celestia había bajado un poco el ritmo de trabajo.
Como sabían que estaban buscando su segundo hijo, Jasmina y Elisa se habían encargado de gran parte del trabajo, aliviándole mucho la carga a Celestia.
Elisa y Roger también tuvieron un hijo después de casarse, pero todavía no estaba claro si iban a tener un segundo.
Elisa a menudo se quejaba de que la mayoría de sus familiares y amigos tenían hijos varones, y a ella le había tocado uno también. Pero lo que ella y su esposo realmente querían era una niña.
Mauro y su esposa tuvieron un segundo hijo y, como era de esperarse, fue otro niño. Hasta Andrea no pudo evitar preocuparse de que se estuvieran convirtiendo en los Castell y terminaran con una casa llena de puros hombres.
Antonio Sainz apenas se había casado el año pasado y todavía no tenía hijos.
Por el momento, los que tenían hijas eran Valerio y Diana, Gerard y Celestia, y Lilia, que había tenido una niña llamada Risa Ferrando hacía dos años. A la pequeña la apodaban Risi porque de bebé, cuando se despertaba, se movía y retorcía mucho.
Risi era medio año mayor que Lillie y ya tenía dos años. Ya hablaba hasta por los codos y era una niña muy lista, la consentida tanto de la familia Ferrando como de los Naim.
—Pero en ese entonces no teníamos tanto trabajo. En fin, no hablemos más de esto. Mejor regresa a tu reunión. Tengo que ir a ver a los niños. Me preocupa que Osiris no pueda con los dos.
—Hacemos una videollamada en la noche cuando termines de trabajar. Los niños también te extrañan.
Gerard resopló. —Se la están pasando tan bien que ni se acuerdan de su papá. ¡Mocosos malagradecidos! En cuanto salen por la puerta, se olvidan de mí.

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