—¿Qué pasó, Rosalinda? ¿Por qué te ves tan sorprendida?
Osiris vio el efecto que causaba en ella y siguió hablándole suavemente.
Como era de esperarse de Celestia, su simple consejo le permitió tomar a su enemiga con la guardia baja.
A pesar de conocer a Rosalinda desde hacía muchos años, era la primera vez que le veía una expresión de sorpresa en la cara, como si hubiera visto un fantasma.
A Osiris le pareció satisfactorio.
—¿Eres Osiris Castell? —preguntó Rosalinda.
—Claro que sí. ¿No me reconoces? Qué triste. Estoy seguro de que podría reconocerte incluso si te convirtieras en cenizas.
Osiris mantuvo su tono y su mirada amables.
A Rosalinda se le puso la piel de gallina al escucharlo.
«Este sinvergüenza aprende bastante rápido», pensó Celestia.
—Tía Rosa.
Liliana y Uriel saludaron a Rosalinda.
Celestia miró a Osiris y le dijo a Rosalinda:
—No le hagas caso, Rosalinda. Vamos de compras.
Rosalinda siguió mirando a Osiris con cara de confusión.
Entonces, apartó a Celestia y le preguntó en voz baja:
—¿Qué le pasó a Osiris, Celestia? ¿Por qué de repente me habla con tanta amabilidad? Normalmente me grita mi nombre completo cada vez que me ve.



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