Todos se limitaron a mirarla en silencio.
Rosalinda se asustó. —¿Por qué no dicen nada, abuelo?
«¿De verdad le hice algo a Osiris?».
Sin embargo, solo recordaba haberle echado vino encima y haberlo pateado. No lo había besado.
¿Cómo era posible que lo hubiera besado hasta dejarle la cara llena de manchas de labial?
—Anoche estabas borracha, Rosalinda —dijo Osiris—. Evaldo se ofreció a llevarte a casa. Después de salir de la casa de los Maristán, de repente te pusiste en mi camino. Yo iba a entrar a la casa para despedirme del señor Maristán.
»Me detuviste, me dijiste que era guapo y empezaste a tocarme. Me tocaste la cara, te me echaste encima y hasta me besaste. No pude escaparme de ti.
La cara de Rosalinda cambió drásticamente.
No se lo podía creer. —¿Fui yo? ¿Cómo es posible? ¿Cómo pude haberme emborrachado? Aguanto el alcohol mejor que muchos hombres.
»Bebí mucho anoche, pero no estaba borracha. Estoy segura de eso.
»Seguro te besuqueaste con otra y vienes a echarme la culpa a mí, Osiris. Ni lo sueñes.
Después de replicarle a Osiris, Rosalinda le dijo a su familia: —Abuelo, mamá, papá, tienen que creerme. No le hice nada a Osiris. Definitivamente está mintiendo a propósito.
»Debe estar resentido conmigo después de que le tiré el vino. Vino a acusarme y a inventar cosas sobre nosotros mientras están todos aquí.
»Osiris y yo somos enemigos. Es la única persona con la que nunca coquetearía.
»Hay cámaras de seguridad en la casa del señor Maristán. Podemos ir a revisar las grabaciones para verificar si Osiris está mintiendo.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Unidos por la abuela