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Venganza de una luna destinada al alfa oscuro romance Capítulo 1

Celeste.

La luna del alfa siempre era vista como una mujer poderosa y sabia, así veía yo a mi madre.

Me enamoré de un hombre fuerte y seguro de sí mismo, no tuve que esperar el vínculo de la diosa para saber que él sería mi mate.

Iba a convertirme en la próxima luna en el futuro, a mis padres no les importó el poco poder que la diosa me otorgó. Nací siendo una omega, y mi fuerza nunca aumentó.

El día de mi boda, llegué al altar sola, porque mi padre no aparecía por ningún lado. Se suponía que sería mi noche, pero terminó convirtiéndose en un completo infierno.

—¿Cuánto más va a tardar? —preguntó el oficiante, moviendo el pie con impaciencia.

Lo normal era que el novio estuviera en el altar mucho antes que la novia, sin embargo, me pasó al revés. Luther no aparecía, y tampoco vi a mi familia por mucho que buscara entre el público.

—Lo siento, tal vez tuvo un pequeño inconveniente —reí con nervios.

Dejé el ramo de flores a un lado. Recordé que mi madre salió de mi habitación cuando me arregló y quedó en apoyarme desde el público.

Tuve un mal presentimiento.

Los murmullos se escuchaban por doquier, iba a quedar en ridículo si mi novio no se presentaba a la boda.

—Seguro se arrepintió por el poco poder que tiene Celeste…

—Luther puede ser el alfa si se lo propone. Sabemos que es más fuerte que Armando Eldrin…

—¿La dejará plantada en el altar…?

Tantas voces mezcladas me causaron jaqueca y aumentaron mis latidos. Mi descontrolada respiración no me ayudaba, solía dejarme llevar por el qué dirán.

Miré al cielo, rogándole a la luna llena. La noche oscura arriba de mí, logró estremecerme y un escalofrío recurrente invadió todo mi cuerpo con una ráfaga de viento que sopló.

Usé mi sentido del olfato para encontrar el rastro de olor que desprendían mis padres, supe que estaban juntos, eso era un alivio.

Corrí lejos del pequeño altar que mis padres habían adornado con flores blancas y rojas. Ignoré los murmullos de la gente y fui hacia el patio, sujetando mi vestido blanco para no tropezar.

—¿P-por qué nos haces esto, hija?

Me detuve en seco detrás de una pared al escuchar la voz de mi madre.

¿Eso fue una súplica?

—Primero, no soy tu hija. Me adoptaron, sí, pero ustedes saben lo mucho que he querido ser la luna… —masculló Elise, mi hermana adoptiva—. Celeste no tiene ni la mitad de poder que yo, ¿por qué la prefieren a ella, eh? ¿Por qué?

¿Qué demonios pasaba?

Decidí asomarme con cuidado para no ser vista. Apoyé mis manos sobre la pared y evadí la rama que reposaba cerca de mis pies. Cuando vi la escena, mi corazón se rompió en mil pedazos.

Mi madre, esa mujer fuerte y sabia, tenía una daga de plata clavada en el abdomen, y múltiples heridas de una clara pelea en todo su cuerpo. Su cabello negro se movía en compás de viento, y a su lado yacía el cuerpo de mi padre partido en dos, con los órganos afuera.

Me horroricé tanto, que mi voz no salió, por mucho que quise gritar. Llevé ambas manos a mi boca porque Luther acompañaba a mi hermana adoptiva, él sonreía con malicia al ver a mis padres.

—Seré el nuevo alfa —proclamó el hombre que estuve esperando en el altar—. Fue fácil ganarle a Armando. Entiendan que esto les pasa por ser tan bondadosos con los demás.

Mi madre lloraba de dolor y agonía. Su expresión me rompió el corazón. Mis piernas se paralizaron por completo al ver que mi padre estaba muerto.

Armando Eldrin era un amor de persona, un hombre amable que se preocupaba por su pueblo antes que él mismo. Terminó siendo traicionado por esa niña que encontró a punto de morir en un río y decidió adoptarla…

—Adiós, mami, fue un dolor de cabeza soportarlos a ustedes —La saludó con cinismo.

Luther tenía una espada larga de plata, nuestra debilidad. Armas como esa la usaban los cazadores para matar a los hombres lobo ya que evitaban la regeneración en las heridas.

Grité desesperada al ver que alzó la espada contra mi madre y corrí hacia ellos con la esperanza de salvarla.

Fue muy tarde.

Me caí en mitad del camino con horror cuando Luther cortó la cabeza de mi madre y esta cayó al suelo con un brillo en los ojos al verme, ese brillo pronto desapareció.

La sangre chorreaba de su cuerpo sin vida, y yo empecé a temblar como una miedosa por lo que acababa de experimentar.

Habían asesinado a mis padres a sangre fría, y no pude hacer nada por lo débil que fui. Mi vestido se ensució de barro, no me importó. Pasó de ser blanco, a un color café claro.

Mi hermana y Luther voltearon a verme, con el ceño fruncido.

Capítulo 1: Traicionada 1

Capítulo 1: Traicionada 2

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