Ignacio se mostró muy comprensivo y la interrumpió:
—Señorita Becerra, de ahora en adelante, cuando se reúna con los inversionistas, no es necesario hablar de detalles técnicos. Basta con enfocarse en el valor del mercado.
Esther contestó sin titubear:
—Entendido, señor Junco. Entonces, para este tipo de juntas donde no se requiere usar el cerebro, por favor no me invite.
Su corazón no se alteró en lo absoluto; hacía tiempo que se había acostumbrado a la impaciencia de Ignacio hacia ella.
Ignacio pareció no estar satisfecho con su respuesta y frunció ligeramente el ceño.
Pero a Esther no le importó.
A continuación, Héctor, el director de marketing, explicó el valor comercial de la patente. Permitía que grandes modelos de sectores como la medicina, la educación y la industria se ejecutaran con procesadores nacionales a bajo costo, abriendo paso al mercado empresarial, un nicho sumamente extenso.
Camilo escuchaba desbordando orgullo. A sus ojos, Esther era un genio, cuyo único defecto era no haber sabido elegir bien y quedarse atada a un hombre que le hizo perder tres años.
Afortunadamente, ese hombre ya estaba muerto y ahora él podría trabajar hombro con hombro con su compañera de la universidad.
Mientras más escuchaba, más coraje le daba a Patricia. ¿Que no se suponía que Esther se la pasaba de ama de casa? ¿En qué momento se volvió tan capaz?
De inmediato levantó el mentón y miró a Esther con aires de superioridad. Como si le dijera: Aunque seas capaz, solo sirves para estar pisoteada por mí.
Un hombre como Ignacio ni siquiera se dignaría a mirarte.
Esther captó perfectamente el mensaje, blanqueó los ojos como respuesta y dejó de prestarle atención.
Cuando terminó la reunión y Esther estaba guardando sus cosas, Patricia se mimó con Ignacio:
—Ignacio, quiero ser la Directora de Tecnología en Sistemas Polaris. Eres el inversor, tú puedes tomar la decisión.
Las manos de Esther se congelaron. Ignacio lo notó, y sus pestañas temblaron ligeramente.
Aunque Ignacio aportaba el capital, desde el inicio, Camilo había dejado bien estructurado el acuerdo de las acciones. Aunque el fundador solo poseyera el 3% de las acciones, mantenía el control administrativo.


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