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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 111

CAPÍTULO 111. Una cacería Orlenko

El miedo estaba ahí, pero la felicidad también y ninguno podía excluir al otro. De lo único que Jordan estaba completamente seguro era de que quería que su bebé nunca tuviera que preguntarse si su padre quería que existiera.

—Da lo mismo si es “él” o “ella”. A los cuatro les vamos a enseñar que mamá y papá los aman.

—¡¿Los cuatro?! —escandalizó Kat.

—O cinco, o seis. Ni creas que he terminado contigo —sonrió Jordan inclinándose hacia ella, y sus labios se encontraron en un beso lento al principio, casi cuidadoso, pero Katerina respondió acercándose más y Jordan terminó acomodándola a horcajadas sobre su regazo. El beso se volvió más intenso, más urgente, y durante unos minutos desapareció todo el desastre que habían vivido hasta ese momento, y todas las preguntas que todavía quedaban sin respuesta.

Las manos de Jordan recorrieron sus muslos, sus caderas, colándose bajo la bata de seda hasta llegar a sus pechos, apretándolos mientras su boca bajaba por la garganta de Katerina y se apoderaba de uno de los sensibles pezones. Mordió uno, jadeó de gusto y la vio echar atrás la cabeza, enredando los dedos en su pelo mientras disfrutaba de aquel asalto pequeño de placer.

—Dime que no son las hormonas nada más —susurró Jordan contra su piel, y eso la hizo abrir los ojos, tirando de su cabello para probar de nuevo su boca.

—Son las hormonas —replicó Katerina y él hizo un puchero descorazonado en respuesta—. Pero nadie ha dicho que las hormonas sean malas, y por supuesto no te estoy prohibiendo aprovecharte de ellas.

Los ojos de Jordan brillaron con una risa especial.

—Esa es una afirmación peligrosa, señorita Orlenko, tengo siete meses para usas esas hormonas a mi favor… puedo hacer que quieras quedarte después.

—Entonces veremos si de verdad eres tan bueno —sonrió ella, apoyando la frente contra la suya mientras los dos respiraban agitadamente.

Jordan la estrechó con más fuerza y la llenó de besos.

—Voy a hacer lo que sea necesario para protegerlos —dijo como si fuera la misión del resto de su existencia—. Sé lo feo que puede parecer, pero me alivia que Jasmine ya no esté. Y Angela no saldrá de prisión en mucho tiempo —continuó Jordan—, porque voy a asegurarme de que ningún buen abogado quiera acercarse a su caso.

Katerina sonrió contra su hombro.

—No voy a negar que tu idea es buena, pero llegas tarde —advirtió y él se apartó ligeramente.

—¿Qué hiciste?

—Mandé bloquear todos sus fondos —respondió Katerina—. Se había quedado con algunos millones después del desfalco, las cuentas estaban en una cuenta a nombre de un hombre…

—¿Damon? —preguntó Jordan frunciendo el ceño.

—¿Lo conoces?

—No tengo idea de quién es, pero sé que es cómplice de Angela, a él le habló por teléfono desde el taxi, así fue cómo grabamos su confesión —respondió Jordan—. Dijo que solo era alguien con quien se acostaba, pero creo que era alguien más importante que eso. alguien de Inglaterra.

—Haré que mi tío lo investigue, pero en cualquier caso, Angela tendrá que conformarse con un abogado de oficio —replicó Kat y Jordan soltó una carcajada.

—Recuérdame no divorciarme nunca de una mujer que sabe congelar cuentas bancarias.

—Ya lo hiciste.

CAPÍTULO 111. Una cacería Orlenko 1

CAPÍTULO 111. Una cacería Orlenko 2

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