CAPÍTULO 112. Una familia disfuncional
—Después de desayunar —le respondió Katerina a su tío, que se veía demasiado emocionado—. Primero desayuno, luego chismes familiares, y luego nos vamos de cacería, tío, ahora come, y ve si puedes separar a mis padres antes de que se maten.
Jordan miraba la escena mientras Giulia, que había pasado solo a ducharse y desayunar, le pasaba una jarra de jugo natural. La mitad de él estaba fascinada por la dinámica familiar, y la otra parte estaba medio espantada porque no había esperado que lo integraran a ella.
Había esperado más rechazo, o al menos cierta distancia después de todo lo ocurrido, pero no había nada de eso. Los Orlenko los trataban a él y a su padre como invitados bienvenidos. Nadie parecía considerarlo responsable de Jasmine, nadie miraba a Emerson como si tuviera que justificar algo, nadie parecía pensar que los Blackwood llevaran una tragedia pegada al apellido. Simplemente los habían incorporado al caos.
A media mañana Jordan encontró a Emerson y Alexei conversando en una terraza, frente a un juego de Go que ninguno manejaba muy bien.
—Te digo que funcionaría —insistía Alexei.
—¿Un escape room para ancianos? —preguntó Emerson.
—Adultos mayores. Hay que cuidar el marketing.
—¿Y de qué tienen que escapar? ¿De sus bastones y andaderas?
—Ese es el negocio, que se entretengan.
Emerson comenzó a reír.
—¿Los vas a poner a escapar de una residencia?
—Demasiado oscuro.
—¿Una oficina de impuestos?
Alexei señaló hacia él.
—Eso. Eso sí da miedo. Sobre todo porque al otro lado de la puerta podemos poner un casino.
La carcajada de Emerson se escuchó en toda la casa, y Jordan se quedó apoyado contra el marco de la puerta observándolos.
Su padre estaba riendo, con el hombro vendado después de haber recibido un disparo, después de descubrir que la mujer con la que había compartido décadas había intentado matarlos a él y a su hijo, y aun así estaba allí hablando de negocios absurdos.
—Podríamos hacer niveles —continuó Alexei—. Principiante, intermedio...
—¿Y el avanzado?
—Encontrar dónde dejaste los lentes mientras los llevas puestos.
Jordan fue el que se rio esta vez, y negó con la cabeza, divertido.
—Ojalá pudieran ser siempre así —murmuró para sí mismo y una voz apareció detrás de él.
—Dales tiempo, serán peores.
Jordan giró la cabeza para ver a Kolya Orlenko que se acercaba. Llevaba una computadora portátil bajo el brazo y una expresión sospechosamente satisfecha.
—Katerina me mandó por ti. Me dijo que tenemos a alguien importante que rastrear así que… ¿Estás listo para una sesión de cacería con los Orlenko?


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