CAPÍTULO 115. El rey y el peón
Katerina cerró la puerta con suavidad y Ángel salió con ella. Sin embargo, apenas las conversaciones del despacho quedaron aisladas, ella notó justo el cambio que había esperado en su expresión.
No preguntó inmediatamente, se limitó a tirar de su manga como si fuera un niño y esperó hasta que estuvieron dentro del automóvil. Ángel encendió el motor, y condujo varios minutos en silencio.
—¿Qué te pasa? —preguntó finalmente—. Y antes de que me digas que nada, dejemos claro que nos conocemos desde antes de que cualquiera de los dos dejara los pañales, así que ni tú me engañas ni yo te engaño. ¿Qué está pasando?
Angel suspiró con una parte de impotencia y otra de resignación.
—Escuché algunos chismes de pasillo mientras estaba supervisando las operaciones de Blackwood Holdings —confesó.
—¿Sobre Jordan? —se preocupó ella.
—No. Sobre mi familia.
Katerina se enderezó en un segundo, porque eso no era algo que debía pasar.
—¿Crees que la empresa de Jordan representa una amenaza para los Rivera? —le preguntó, porque ella se preciaba de ser buena estratega, pero aun así no podía imaginar un escenario donde eso fuera posible.
—No —respondió Angel de inmediato—. El problema no es la empresa de Jordan. Operamos en sectores completamente opuestos.
—Entonces ¿qué escuchaste?
Ángel apretó ligeramente el volante y decidió que si a alguien podía contarle su preocupación, era a Katerina Orlenko.
—Tenemos un competidor fuerte fuera de California, Oliver Crewman —comentó mientras ella esperaba con paciencia al resto de la historia para entender todos los detalles—. Mamá siempre ha creído en la competencia leal, ya sabes cómo es: feroz, pero justa. Si otra empresa presenta mejores condiciones, perfecto; se mejora la oferta o se pierde el contrato. Pero últimamente han desaparecido algunos contratos importantes sin ninguna explicación.
—¿Desaparecido cómo? —se interesó.
—Clientes que llevaban años con nosotros y de repente cambian de empresa. Negociaciones prácticamente cerradas que se caen en el último momento.
Katerina frunció el ceño.
—Eso puede ocurrir.
—Sí. Pero acabo de escuchar a dos ejecutivos de Blackwood Holding hablando de un antiguo socio nuestro que nos dejó supuestamente porque ya estaba cansado de manejar negocios y se iba a retirar..
Ella comprendió inmediatamente.
—¿La participación que compré? —lo increpó y su amigo asintió con la cabeza sin dejar de mirar a la carretera.
—Esa.
—¿Y qué pasa con él? No tiene nada de malo retirarse…
Angel hizo una mueca antes de contestar, porque la noticia ya le había dejado un amargo sabor de boca.
—Pasa que fue una mentira, no se retiró, pero sí se cambió a nuestro competidor.
Katerina permaneció pensativa durante algunos minutos, porque ella sabía mejor que nadie que no se hacían cambios de ese tipo sin tener información comercial de por medio, una garantía sólida o en el peor de los casos, algún tipo de espionaje corporativo sobre lo que pasaría en los próximos meses.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS