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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 117

CAPÍTULO 117. Espionaje familiar

Giulia quedó completamente inmóvil y todos miraron discretamente hacia otro lado, porque aquella conversación prometía terminar convirtiéndose en algo serio, pero era solo para dos. Así que Kat le dio un pequeño empujón a Jordan, que empezó a hablar de la empresa como si la vida de todos dependiera de eso.

—Creo que vamos a tener que hacer un ajuste de horarios —murmuró—. Yo ya no quiero regresar a la vida que tuve antes.

Byron tampoco quería pasar quince horas diarias trabajando, así que llegaron a un acuerdo sencillo: compartirían la dirección. Ambos serían gerentes, ambos tendrían capacidad ejecutiva, y ninguno volvería a cargar solo con una empresa que podía funcionar perfectamente sin devorarles la vida.

—Una sociedad —resumió Jordan—. Más amplia que la que tenemos ahora.

Byron extendió la mano para estrechar la de su primo.

—Y una vida normal.

—No sé si los Blackwood sabemos hacer eso —suspiró Emerson—. Así que pongan de su parte y procuren aprender bien.

Dos días después la sociedad se legalizó formalmente, sin embargo, durante el resto de la semana Jordan continuó llegando tarde. Algunas noches a las diez, otras cerca de medianoche. Y Katerina no preguntaba, pero lo escuchaba llegar, bañarse, cruzar la puerta entre las habitaciones y dormir abrazado a ella. Y cada mañana volvía a marcharse antes de que ella se despertara.

Para el viernes por la noche, Katerina ya estaba que echaba chispas por más que intentara no demostrarlo. Estaba leyendo en la terraza cuando Alexei apareció con dos vasos de jugo natural y le entregó uno.

—Gracias, papá.

Él se sentó frente a ella y cruzó una pierna.

—¿Quieres saber dónde está? —preguntó directamente y Kat levantó los ojos del libro.

—¿Quién?

—Claro, hazte la desentendida. —Alexei sonrió.

—¡No quiero saber dónde está Jordan! —rezongó Katerina.

—Ni qué está haciendo.

—¡Tampoco!

Alexei bebió tranquilamente y miró al cielo como si fuera muy interesante.

—Perfecto.

Katerina volvió al libro, pero no habían pasado ni diez segundos cuando lo dejó sobre una mesa cercana.

—¿Por qué preguntas? ¡Tú te traes algo! —lo acusó y su padre sonrió aún más.

—No me traigo nada… Solo pensaba que sería una pena desperdiciar un buen rastreador. Pero como no quieres saber...

Los ojos de Katerina se abrieron de par en par mientras intentaba fingir con todas sus fuerzas que estaba escandalizada, ofendida y todas esas cosas moralmente correctas que la gente debe pensar cuando se entera de que han estado espiando a otra persona.

—¿Le pusiste un rastreador a Jordan?

—¡Claro que no! Inyectarle un chip contra su voluntad habría sido demasiado obvio —carraspeó Alexei—. Se lo puse a su auto.

—La tableta de rastreo —exigió Katerina y su padre levantó una ceja.

CAPÍTULO 117. Espionaje familiar 1

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