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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 123

CAPÍTULO 123. Una vigilancia aprendida

Aquella noche dejaron a Lisa instalada en el departamento de Emerson, y justo cuando Jordan y Katerina se preparaban para marcharse, él apareció con una baraja.

—¿Juegas?

Lisa sonrió tímidamente, como si no quisiera ocupar espacio.

—Depende. ¿Haces trampas?

—Solo cuando puedo ganar.

Ella sonrió mirando una de las sillas.

—Está bien, entonces no tendré que fingir que no puedo ganarte.

—¿Y ustedes qué hacen ahí? ¿Supervisando a dos adultos?

—No, solo les pedimos comida a domicilio —carraspeó Jordan.

—Perfecto, en cuanto se vayan sacamos el whisky —le dijo Emerson a Lisa y ella sonrió detrás de su mano de cartas.

Jordan cerró la puerta sintiéndose mucho más tranquilo, pero cuando llegó al auto ni siquiera pudo encenderlo. Se quedó en silencio durante varios minutos y después comenzó a llorar.

Kat puso una mano sobre su espalda y luego lo abrazó, porque sabía que él tenía que desahogarse de alguna forma.

—Está viva —murmuró Jordan—. Y me quería.

—Sí.

—Todo este tiempo...

—Lo sé.

—Maldición… es la única vez que me duele la muerte de Jasmine, quisiera que estuviera viva para hacerle algo mucho peor —siseó con rabia y Kat entendía el sentimiento, pero ahora solo podían seguir adelante.

—Vamos a superar todo esto juntos —le dijo y respetó ese silencio amargo que reinó en el resto del camino a casa.

Sin embargo, apenas había cruzado la sala cuando a Kat se le escapó un jadeo ahogado que hizo que a Jordan se le cayeran hasta las llaves de la mano.

—¡Kat! —excalmó corriendo hacia ella—. ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

—Espera. —lo detuvo ella con las manos sobre su vientre.

—¿Llamo al médico?

—¡No!

Y de repente Katerina comenzó a sonreír. Tomó su mano y la colocó donde pudiera sentir el pequeño golpe que respondió desde dentro.

Jordan quedó paralizado sintiendo ese, y luego otro; y de su pecho salió un suspiro de alivio.

—Hola, bebé —susurró y Katerina soltó una risa mientras Jordan se arrodillaba frente a ella—. Tuviste un día bastante importante. Hoy conociste a tu abuela.

Otra patada lo hizo reír.

—Sí, yo también estoy emocionado.

Katerina acarició su cabello y Jordan la rodeó por la cintura y apoyó la mejilla contra su vientre. Y por primera vez, después de tantos años de mentiras, sintió que conocía por fin los dos extremos de su historia: la mujer que le había dado la vida, y la familia que estaba a punto de comenzar.

****

TRES MESES DESPUÉS.

—Si cambias otra vez esa cláusula, voy a cobrarte por palabra.

Katerina dejó el bolígrafo sobre el contrato y miró a su hermana sentada frente a ella.

CAPÍTULO 123. Una vigilancia aprendida 1

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