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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 122

CAPÍTULO 122. Memorias dolorosas

—Ponla en el sofá —indicó Katerina, tomando el control de la situación, porque era obvio que los hombres a su alrededor no sabían ni qué hacer.

Entraron al pequeño departamento y Jordan dejó a Lisa con cuidado sobre un sofá desgastado. Katerina buscó agua mientras Emerson permanecía de pie, pálido, mirándola como si todavía no pudiera aceptar que realmente estuviera frente a ellos.

Pasaron varios minutos antes de que ella abriera los ojos. Lisa parpadeó, miró a Emerson, después a Jordan, y el miedo apareció inmediatamente en su rostro.

Intentó incorporarse, pero Katerina se sentó frente a ella.

—Lisa, míreme.

La mujer dirigió los ojos hacia ella como si esperara que la despertaran o algo así.

—Sé que esto debe ser muy difícil para usted —dijo Katerina con suavidad tomando su mano—. Sobre todo después de tantos años escuchando que estaba equivocada.

Lisa comenzó a respirar rápidamente.

—Yo tuve un hijo...

—Lo sé.

—Me dijeron que estaba loca…

Katerina negó.

—No lo está. —Katerina tomó la mano de Jordan y lo acercó—. Y él es su hijo.

Los labios de Lisa comenzaron a temblar y él se arrodilló frente a ella.

—Me llamo Jordan.

Lisa levantó una mano como si temiera tocarlo, pero finalmente rozó su mejilla con las puntas de los dedos.

—Yo sabía que no habías muerto.

Jordan cerró los ojos, pero todo lo que pudo escuchar después fue el llanto desesperado de una mujer que después de treinta años por fin recuperaba lo más importante de su vida.

La historia era cruel, dura, pero necesitaban completarla allí, porque mientras Emerson y su hijo habían vivido treinta años con una familia y descubierto la verdad hacía poco, para Lisa esos treinta años habían estado llenos de huecos en la memoria y el corazón.

Jordan comenzó por el final. Le habló de Jasmine. De la enfermedad falsa, de las manipulaciones y de las pruebas de ADN que finalmente habían solicitado.

—Toda mi vida creí que Jasmine era mi madre —explicó—. Hasta hace cuatro meses.

Lisa escuchaba sin soltarle la mano.

—Descubrimos que Angela era hija biológica de Jasmine y que yo no tenía parentesco con ella.

Emerson continuó por él:

—Entonces hicimos más pruebas de ADN. Jordan sí es mi hijo.

Ella cerró los ojos y las lágrimas comenzaron a caer de nuevo.

—Jasmine sabía que yo no me casaría con ella sin una prueba de paternidad. Ella sabía que Angela no era mi hija, así que necesitaba otro bebé.

—El mío —susurró Lisa.

—Sí. —Emerson bajó la cabeza—. Y nunca lo supe.

Lisa permaneció callada durante unos segundos y después comenzó a contar.

—Esa mujer apareció cuando yo llevaba pocos meses de embarazo. Al principio parecía amable. Sabía que estaba sola y que tenía poco dinero. Empezó ofreciéndome ayuda.

—¿Por qué no me buscaste? —preguntó Emerson.

—Porque no estabas en el país. Tu asistente dijo algo de un proyecto en Marruecos… —comentó Lisa y Emerson asintió.

—Me fui cuatro meses por trabajo después de discutir con Jasmine sobre el embarazo, le dije que a mi regreso hablaríamos de la prueba de paternidad —recordó—. ¿Qué pasó después con ella?

Lisa apretó la mano de Jordan.

—Después empezó a decidir quién podía verme. Me consiguió médicos. Pagaba consultas. Decía que quería ayudarme porque el embarazo era complicado. —Su respiración comenzó a acelerarse—. Cuando intenté alejarme, ya era demasiado tarde.

Jordan sintió que la rabia regresaba.

—¿Te secuestró?

Lisa asintió.

—Pagó a personas para mantenerme aislada. Los médicos decían que estaba inestable. Nadie escuchaba lo que yo decía porque ella ya les había contado que tenía problemas.

Emerson apretó los puños.

—¿Y cuando nació Jordan?

Lisa comenzó a llorar.

CAPÍTULO 122. Memorias dolorosas 1

CAPÍTULO 122. Memorias dolorosas 2

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