30 DÍAS PARA NO ENAMORARSE
SINOPSIS
—Quiero que la secuestres.
Aquellas palabras detuvieron la mano de Allison antes de que empujara la puerta del despacho de su prometido, y se quedó paralizada mientras lo escuchaba hablar con su chofer.
—Allison es un hueso duro de roer, demasiado autosuficiente, demasiado alzada. Si sigue así jamás voy a poder controlar su empresa ni aunque me case con ella. Así que necesito que la quiebres —escupió Oliver Crewman—. Llévatela un mes, rómpela… Cuando yo “la rescate” debe estar lo suficientemente rota para verme como su salvador y su única salida. Solo entonces me entregará el poder sobre su empresa.
Allison dio un paso atrás, luego otro, y tomó una decisión definitiva. Porque ni el chofer de su prometido sabía que ella no sería una víctima fácil, ni ella sabía que él era mucho más que un simple chofer… pero los dos tendrían treinta días para enterarse.
30 DÍAS... CAPÍTULO 1. Vacaciones en el infierno
Allison Hayes llegó a la oficina de su prometido aquella noche con una caja de muestras entre las manos y una sonrisa que no podía borrar desde que había salido de la imprenta. Las invitaciones de boda estaban finalmente listas y había ido a enseñárselas a Oliver sin avisarle. Quería sorprenderlo, pero apenas levantó la mano para empujar la puerta entreabierta de su despacho, escuchó su nombre.
—Quiero que secuestres a Allison.
Y esas palabras salían nada más y nada menos que de los labios de Oliver Crewman, su prometido. La mano de Allison se paralizó mientras una voz diferente, ronca y cavernosa, le respondía.
—No sé qué clase de hombre cree que soy, señor Crewman, pero se está equivocando.
—Sé exactamente qué clase de hombre eres, Reyes. Por eso te elegí.
Allison cerró los ojos y trató de reconciliar el nombre; solo lo había escuchado una vez: Angel Reyes, el nuevo chofer de Oliver.
—Pues elija a otro. Necesito este trabajo, pero no tanto como para terminar en prisión por usted.
—No vas a terminar en prisión —sonrió su prometido con sarcasmo—. Nadie va a denunciarte porque cuando todo termine, Allison tendrá problemas más importantes que recordar la cara de un chofer.
Por un segundo se hizo un silencio tenso del otro lado y luego el tono de Angel se volvió peligroso.
—¿Por qué demonios quiere que secuestren a su prometida? —preguntó y Allison sintió un escalofrío.
—Porque alguien tiene que quebrarla y por desgracia no puedo ser yo —siseó Oliver—. Allison Hayes es del tipo de mujeres complicadas. Construyó su empresa desde cero, tiene dinero, empleados, propiedades. Decide dónde va, cuándo va y quién puede acercarse a ella. Lleva tantos años controlándolo todo que está convencida de que no necesita a nadie.
—¿Y eso le molesta?
—Me impide conseguir su empresa —admitió Oliver y Allie sintió que sus uñas le cortaban la palma de la rabia.
—Así que esto es por dinero —murmuró el chofer con tono seco.
—Esto es por Hayes Distribution —admitió Oliver—. Llevo dos años preparando una fusión entre nuestras vidas y nuestras empresas, pero Allison acaba de ponerme delante un prenupcial que deja su compañía completamente fuera de mi alcance. Si me caso con ella mañana, seguiré teniendo exactamente el mismo poder sobre Hayes Distribution que tengo hoy: ninguno.
—Entonces firme el prenupcial y acepte que la empresa es de ella —sentenció el chofer y Allison reaccionó antes la simplicidad de una respuesta que reconocía que lo suyo era suyo y punto, pero Oliver rio como si estuviera escuchando un chiste.
—No invertí dos años de mi vida para aceptar eso —espetó y la caja de invitaciones pesó de repente toneladas entre las manos de Allison.
Dos años. No había dicho “relación”, “amor”, “pareja”. Había dicho “inversión”.
—Todavía no entiendo qué consigue secuestrándola —replicó Ángel con expresión hosca.
—Porque estás pensando en el secuestro. Yo estoy pensando en lo que viene después —replicó su prometido—. Allison no me necesita, ese es el problema, y quiero cambiarlo.
—¿Secuestrándola?
—Quitándole durante treinta días todo aquello que la hace sentirse segura: su trabajo, su gente, su dignidad, su capacidad de decidir. Quiero que despierte cada mañana sin saber dónde está, cuánto tiempo estará allí ni cuándo podrá volver a su vida.
—Eso no hará que lo necesite a usted. Hará que necesite un psiquiatra.
—Y eso también me conviene —rio Oliver y Allison sintió la rabia recorriéndole las venas como una mecha de dinamita—. Porque después de treinta días, yo “la encontraré”. Entraré por esa puerta y Allison pasará de creer que está completamente sola a verme aparecer como la única persona que no dejó de buscarla. Yo seré quien la abrace, quien la lleve a casa, quien se quede con ella cuando vengan las pesadillas…
—Quiere fabricar dependencia.
Por primera vez Oliver no respondió inmediatamente.

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