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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 140

30 DÍAS... CAPÍTULO 16. Una mujer con escasa salud mental

Allison avanzó por el camino de tierra con ambas manos aferradas al volante y la sensación creciente de que aquella había sido una idea mucho menos brillante de lo que parecía cuando había salido de la cabaña.

El camino se extendía entre árboles altos y espesos, sin una sola señal que indicara hacia dónde conducía. La lluvia de las últimas horas había convertido la tierra en una mezcla resbaladiza de barro y piedras, y la camioneta se sacudía cada pocos metros.

Frenó cuando el camino se dividió en una intersección. Miró a la izquierda, después a la derecha, pero ninguno de los dos caminos parecía más civilizado que el otro.

—¡Genial! —Golpeó el volante con la palma—. ¡Genial, Allison! Salimos sin saber dónde estamos. ¡Magnífico plan!... Debí llevarme el teléfono de Ángel —gruñó quedándose unos segundos mirando la bifurcación—. Y ya que estaba, podía aprovechar cuando encontrara internet y civilización para averiguar quién carajo es Angel Rivera.

Porque eso también seguía pendiente. Ángel Reyes no era Ángel Reyes, eso ya estaba bastante claro, lo que no estaba claro era su papel o el de la tal Alejandra en el asunto o por qué investigaban a su prometido.

—Pero no —continuó hablando sola mientras escogía el camino de la derecha—. Primero nos ocupamos del hombre misterioso, luego averiguamos si es mafioso, asesino, heredero perdido o alguna otra desgracia. —La camioneta volvió a sacudirse y ella la insultó—. ¡Y después, si queda tiempo, intento descubrir por qué me gusta tanto el conejito secuestrador!

Casi cuarenta minutos después, entre los árboles aparecieron por fin las primeras casas, y Allison enderezó la espalda.

—¡Gracias a Dios!

Aceleró hasta llegar a una pequeña gasolinera y frenó bruscamente frente a un hombre que estaba descargando cajas.

—¡Necesito una clínica ¡Es urgente!

—¿Qué?... —El hombre la miró sorprendido.

—¡Una clínica, un médico, alguien con medicamentos! ¡Lo que tenga! —pidió y el hombre señaló calle arriba.

—Dos calles. Edificio blanco, al lado de la farmacia.

—¡Gracias!

Allison volvió a acelerar. La clínica era pequeña, pero a ella le pareció un hospital de primer nivel en cuanto vio la cruz sobre la puerta. Entró casi corriendo, todavía con la ropa húmeda y barro en las botas; y un médico de unos cincuenta años levantó la vista desde el mostrador.

—Necesito antibióticos, sueros y material para una infección —soltó Allison sin saludar y el hombre frunció el ceño.

—¿Dónde está el paciente?

—En una cabaña.

—Entonces tiene que traerlo.

—No puedo.

—Señora, no puedo darle medicamentos a una persona que no he examinado… —intentó decirle el médico y Allison apoyó ambas manos sobre el mostrador.

—Tiene una herida profunda en el brazo, fiebre muy alta, temblores, debilidad y la herida empezó a oler mal. No puedo traerlo porque más de cien kilos es un peso bonito para tener encima, pero no precisamente en el concepto de cargarlo, si me entiende. Entonces, necesito medicamentos.

Pero a pesar de su elocuente discurso, el médico negó con la cabeza.

—Aun así, necesito verlo.

Allison cerró los ojos durante un segundo y después agarró una pluma y un papel que había sobre el mostrador.

—Escriba un número de cuenta.

—¿Perdón?

—El número de cuenta de la clínica.

—No entiendo qué...

—No necesita entender. Escríbalo.

El médico la observó con evidente preocupación, pero finalmente tomó un papel y anotó una serie de números mientras Allison agarraba el teléfono fijo del mostrador.

—¿Puedo?

—Señora...

30 DÍAS... CAPÍTULO 15. Una mujer con escasa salud mental 1

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