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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 146

30 DÍAS… CAPÍTULO 22. Una hoja de reclamaciones

Angel se levantó lentamente, sus ojos oscuros seguían fijos en ella mientras se desabrochaba el pantalón. El sonido del metal de la cremallera al bajar rompió el silencio del cobertizo y Allison intentó enfocar la vista en él, pero su cuerpo todavía vibraba con la frustración de aquel placer que le había negado.

—¿Por qué tengo la impresión de que esto me va a doler? —Jadeo sin molestarse en disimular que apenas era capaz de enfocar.

—Porque eres inteligente, conejita —la provocó él devorando sus labios, y Allison pudo saborearse a sí misma en su boca, el sabor salado y dulce de su propia excitación.

Y antes de que ella pudiera anticiparlo, el borde superior de su vestido se rasgó con un sonido violento y delicioso. La boca de Angel volvió a bajar despacio, esta vez haciendo círculos peligrosos alrededor de sus pechos hasta que por fin uno de sus pezones cayó entre sus dientes.

Allison ni siquiera podía rescribir la sensación, o aquella mezcla de posesión y placer con que apretaba su otro pecho, como si todo le perteneciera. Ella se aferró a sus costados sin ser plenamente consciente de que lo hacía. Entonces la mano de Angel bajó entre ellos, guiando su miembro hacia la entrada de su sexo, húmedo y caliente.

—¡Maldición, estás empapada! —jadeó de gusto, metiendo un par de dedos para hacer que se estremeciera, porque el juego era mucho mejor cuando siempre la tenía al borde.

Pero en cuanto Allison sintió el roce, algo extraño la hizo retroceder.

—Hay algo... frío —dijo, confundida, tratando de concentrarse, y una sonrisa descarada se formó en los labios de Angel.

—Esa es la idea —respondió con un tono bajo y grave—. ¿Estás lista?

—Presiento que debería decir que no… pero contra todo mi buen juicio… diré que sí —susurró mientras se inclinaba hacia adelante y besaba los tatuajes que cubrían su pecho.

Las serpientes y espinas negras sobre su piel temblaron bajo sus dientes, haciendo de la respiración del hombre bajo ellos un gruñido pesado, pero antes de que pudiera continuar, Angel agarró su cabello, tirando de él con suficiente fuerza para hacerla echar la cabeza hacia atrás.

—Quiero verte —dijo, y sus ojos le parecieron dos brazas ardientes mientras la miraba desde arriba.

Allison lo sintió todo como si su cuerpo fuera extraño… o demasiado suyo. El momento en que mordió sus labios, el momento en que sonrió como una anunciación, el momento en que se hundió dentro de ella con un movimiento brusco, certero, posesivo.

—¡Angel…! —fue lo único que salió del pecho de Allison, no supo si como reclamo o como súplica.

Gimió con cada centímetro que su miembro al estiraba, con cada empujón con que la abría mucho más allá de lo que estaba acostumbrada. Y la expresión de su cara debió cambiar drásticamente porque una sonrisa de triunfo cruzó el rostro de Angel.

—¿Era esto lo que querías, conejita? —preguntó contra su boca, moviéndose lentamente dentro de ella, dejando que cada pulgada se asentara.

Allison solo podía jadear mientras lágrimas involuntarias se formaban en sus ojos y sus uñas hacían surcos en su espalda, intentando adaptarse a su tamaño. Entonces sintió algo más, un roce extraño y fuerte contra sus paredes que hizo que sus caderas se movieran instintivamente.

—¡Dios…! ¿Qué es... eso? —logró decir.

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