30 DÍAS… CAPÍTULO 23. Posibilidades
Allison apenas tuvo fuerzas para protestar cuando Ángel la levantó en brazos.
—Puedo caminar —murmuró, aunque dejó caer la cabeza contra su hombro.
—Claro.
—Puedo.
—Te creo —rio él porque nadie tenía que decirle que no podía.
—Entonces bájame.
Pero Ángel continuó avanzando hacia la cabaña como si no la hubiera escuchado. Allison hizo un intento poco convincente por levantar la cabeza, pero terminó acomodándose mejor contra su pecho.
—Esto es abuso de autoridad, señor conejito secuestrador.
—Hace dos días cambiaste los códigos de mis cerraduras.
—Por razones médicas. Y a propósito, ¿cómo saliste entonces?
—Tengo códigos maestros. Soy tu lindo conejito secuestrador, pero no soy idiota.
Allison decidió que aquel argumento era difícil de combatir y guardó silencio durante el resto del camino.
Una vez dentro, Ángel la llevó directamente al baño. La ducha caliente terminó hacerle efecto, Allison dejó escapar un suspiro mientras terminaban de quitarse el resto de la ropa. Allison aprovechó para revisar nuevamente la herida de su brazo, ignorando sus protestas cada vez que intentaba decirle que estaba bien.
—La venda está húmeda —dijo ella—. Hay que cambiarla.
—Después.
—Ahora.
—Allie…
—¿Quieres otra infección? ¡La infección te pondría débil, conejito!
Ángel cerró la boca.
—Eso pensé. Te gusta más follar que sobrevivir.
Después de la ducha, ella lo obligó a sentarse mientras limpiaba cuidadosamente la herida. La inflamación había disminuido bastante, pero Allison no estaba dispuesta a confiarse después del susto de los últimos días. Preparó otro suero con el antibiótico siguiendo las indicaciones que había recibido y volvió a pincharlo mientras Ángel la observaba trabajar.
—Estás disfrutando demasiado de esto.
—¿De qué?
—De tenerme inmovilizado.
Allison levantó la bolsa del suero.
—Esto es medicina. Para inmovilizarte voy a usar las esposas.
Ángel negó con la cabeza, divertido, pero cuando terminó el suero, ya había avanzado bastante la mañana. Allison recogió las cosas mientras él se levantaba y caminaba hacia la parte trasera de la sala.
—Ven.
—¿Adónde?
—Quiero enseñarte algo —dijo Angel y apoyó una mano sobre una sección de la pared que Allison siempre había considerado simplemente parte del revestimiento. Accionó un mecanismo y comenzó a deslizarla.
No era una pared, era un enorme ventanal cubierto por paneles interiores. La luz inundó la sala y detrás apareció el lago. El agua se extendía detrás de la cabaña, oscura y tranquila bajo el cielo invernal. Los árboles rodeaban las orillas y una terraza de madera avanzaba sobre el lago.
Allison abrió la boca.
—¡Hijo de puta! —exclamó sobresaltándola.
—¿Qué…?
—¡Entonces sí tenías intención de tortura! ¡Me secuestraste con esta vista y me la escondiste!
—No te la escondí. Solo que… estabas secuestrada, no en un paquete vacacional.
—¡Pues quiero presentar una reclamación!
Ángel se acercó por detrás y rodeó su cintura con los brazos.

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