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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 148

30 DÍAS… CAPÍTULO 24. Un viaje por ayuda

—Explícate —dijo Angel con tono tajante y ese fue el momento en que Allison entendió que él no tenía nada de improvisado.

—OK, opción A: Podría estar comprando vinos mucho más baratos, reenvasándolos y vendiéndolos como producción propia o como productos de una categoría superior. Eso explicaría parte de las diferencias de procedencia y algunos cambios en los lotes.

Angel se quedó serio.

—¿Y la tragedia?

—Que existieran lotes malos o contaminados —respondió Allison y él levantó la mirada.

—¿Contaminados con qué?

—No lo sé. Y no pienso especular hasta tener datos. Pero si una cosecha presentó algún problema y en lugar de destruirla la hicieron pasar por buena y la sacaron al mercado por otras vías…

—A precios más bajos.

—Por ejemplo. Para los que no tienen conciencia, rebajar un precio en esas circunstancias no es una pérdida… es una ganancia reducida.

Ángel miró por algunos segundos el documento y luego lo dejó sobre la mesa.

—Sin importar si puede hacerle daño a alguien.

—Por eso dije “sin conciencia” —replicó ella abriendo otro archivo.

—Puedo reconstruir la trazabilidad completa de las finanzas, decirte exactamente dónde estuvo el problema… pero no puedo decirte cuál es el problema porque no sé nada de vinos. Crecí en un orfanato, así que mi prometido suele decir que no tengo paladar, mucho menos un paladar refinado.

Sí, la mención fue a propósito, pero mientras fingía guardar los documentos, Allison obtuvo exactamente la respuesta que esperaba de él. Los nudillos se pusieron lívidos en el puño de Angel y se echó hacia atrás en la silla como si de repente necesitara establecer la distancia.

—¿Lo quieres mucho? —preguntó de repente y ella se detuvo.

—Me estoy acostando contigo, así que mi psicóloga diría que no.

—Tu psicóloga me agrada.

—Y también te diría que mis traumas de orfandad hacen que confunda cualquier atención con amor, y me harían capaces de querer incluso a quien me hace daño. Muestra de lo cual es esta cosa rara secuestrador—secuestrada.

—Ya no me agrada tanto tu psicóloga.

—Pues con lo que me cobra, ni a mí me está cayendo bien ya —sonrió Allison—. Pero respondiendo a tu pregunta, no lo sé. A veces creo que quiero más la idea de tener una familia que la de casarme… pero no tengo que decirte que estoy mal de la cabeza, porque ya lo sabes ¿Cierto?

Él la miró entonces con algo más que simple curiosidad, como si de verdad intentara comprender la madeja que había en la cabeza de aquella mujer, y ella sostuvo su mirada sin inmutarse.

—Ahora yo quiero hacerte una pregunta: ¿Cuándo vas a decirme a quién estamos investigando?

Y la respuesta no se demoró… simplemente no llegó.

—Está bien. No voy a presionarte —suspiró ella cerrando la carpeta y Ángel levantó ligeramente una ceja.

—¿No?

—No. La confianza no se construye fácilmente. Mucho menos en una situación como esta.

Él soltó una risa breve, aunque su expresión continuó seria.

—Es cierto. Pero tú estás confiando en mí.

—Realmente no me diste demasiadas opciones. Me secuestraste —dijo ella por primera vez con seriedad desde que había entrado en aquella cada, y lo vio bajar la cabeza y frotarse la nuca.

—Pronto acabarás entendiéndolo todo —murmuró pensativo—. Pero mientras eso llega, hay alguien que podría ayudarnos.

—¿Con la investigación? —preguntó ella.

—A entender mejor las posibilidades detrás de lo que encontraste. Especialmente lo relacionado con las bodegas y las alteraciones de los lotes.

Allison se enderezó.

—¿Quién?

—Mi madre.

—¡Santo Jesús! ¿Quieres que conozca a tu madre? —escandalizó Allison.

—¡Oye tampoco es para tanto! Será consulta profesional, solo eso. Mi madre sabe todo lo que hay que saber sobre la industria... El problema es que tendríamos que ir a California para verla.

30 DÍAS… CAPÍTULO 23. Un viaje por ayuda 1

30 DÍAS… CAPÍTULO 23. Un viaje por ayuda 2

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