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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 149

30 DÍAS… CAPÍTULO 25. Omisiones sin mentiras

Esa noche, la cabaña quedó en silencio mucho antes de lo habitual. Ángel se fue su habitación después de tomar los medicamentos, y habló largo y tendido con su hermana; y Allison se quedó un rato frente a la chimenea, contemplando las últimas brasas.

Cuando finalmente caminó hacia el pasillo, se detuvo frente a su puerta, viéndolo todavía despierto, recostado contra las almohadas.

—¿Puedo pedirte algo? ¿O prefieres que te lo exija? —preguntó con una sonrisa traviesa y él la miró con cautela.

—Esa pregunta viniendo de ti me preocupa —respondió, pero por una vez, Allison no hizo ninguna broma.

—¿Puedo dormir contigo?

La expresión de Ángel se suavizó inmediatamente, y no preguntó por qué, tampoco hizo ninguno de los comentarios que ella esperaba. Simplemente sonrió, levantó la manta y abrió un espacio a su lado.

—Ven.

Allison no necesitó una segunda invitación. Cruzó la habitación rápidamente y se metió bajo la manta antes de que pudiera arrepentirse. Ángel soltó una risa cuando ella se acomodó junto a él y le pasó un brazo alrededor de la cintura.

—¿Cómoda?

Allison apoyó la cabeza contra su pecho.

—Mucho. ¿Pero me vas a comer o no?

—¡Allie!

—¡Perdón, perdón! —exclamó ella antes de mascullar—. Y luego no quiere que llame a un striper.

Pero la verdad fue que durmió esa noche mejor que en muchos años de su vida, y a la mañana siguiente, ya estaba lista antes que Ángel.

Preparó una bolsa pequeña con ropa, algo de comida y una cantidad de medicamentos suficiente para asegurarse de que él no utilizara el viaje como excusa para abandonar el tratamiento. Cuando Ángel apareció en la sala, todavía con el brazo vendado pero ya mucho más firme sobre sus piernas, ella lo examinó de arriba abajo como si estuviera revisando a un paciente antes de darle el alta.

—¿Llevas todo?

—Sí.

—¿Mi identificación?

Ángel se detuvo y sacó la cartera de Allison.

—Aquí está.

—¡Oh, mis queridas Black! —exclamó ella acariciando sus tarjetas y sin importarle un comino de su identificación; y luego le dio un codazo a Angel, haciéndole un guiño—. Tú… eres un secuestrador eficiente.

—¿Por qué no puedes vivir sin tus tarjetas Black? —bromeó él.

—No, pero que pueda vivir sin ellas no significa que tenga que hacerlo así que… a partir de ahora, consentirte va por mi cuenta, conejito.

Ángel sonrió mientras abría la puerta. El cielo estaba despejado y el bosque parecía completamente distinto bajo la luz de la mañana. Allison subió a la camioneta sin hacer preguntas y, apenas tomaron la carretera, se acomodó como si viajar con él fuera la cosa más normal del mundo.

Angel la observó de reojo. Allison llevaba los pies sobre el tablero, una taza de chocolate entre las manos y el cabello recogido de cualquier manera. De vez en cuando se inclinaba hacia él, apoyaba la cabeza en su hombro durante unos minutos o levantaba la taza para acercársela a los labios cuando él no quería soltar el volante.

Ángel terminó riendo.

—¿Qué? —preguntó ella.

—Nada.

—Estás riéndote de mí.

—Estoy intentando entender en qué momento dejaste de comportarte como una mujer secuestrada.

Allison bebió un poco.

—Probablemente cuando descubrí que mi secuestrador hacía un chocolate delicioso.

30 DÍAS… CAPÍTULO 24. Omisiones sin mentiras 1

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30 DÍAS… CAPÍTULO 24. Omisiones sin mentiras 3

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