30 DÍAS… CAPÍTULO 35. Un vino dulce
La conversación durante el trayecto hacia el laboratorio fue prácticamente inexistente. Allison subió a la camioneta con Ángel y Alejandra todavía saltando para ponerse un zapato, porque la urgencia con la que Sammy los había llamado había conseguido borrar cualquier resto de sueño. Ninguno sabía exactamente qué habían encontrado en las botellas y, después de todo lo que había aparecido en la auditoría, Allison no quería hacer conjeturas.
Casi media hora después, Ángel abandonó la carretera principal y tomó un camino rodeado de viñedos. Allison miró por la ventanilla las hileras perfectamente ordenadas que se extendían sobre las colinas hasta que apareció un edificio moderno entre las instalaciones de la propiedad.
—¿Aquí está el laboratorio? —preguntó.
—Uno de ellos —respondió Alejandra y Allison volvió la cabeza lentamente.
—Cada vez que dices cosas así, siento que necesito actualizar mi concepto de tu familia.
—No lo hagas. Cuando termines, descubrirás… cosas peores. ¡Nos amamos, pero somos rarísimos todos! —suspiró alejandra.
Ángel estacionó frente al edificio y los tres bajaron. Sammy y Darío ya los esperaban dentro, acompañados por una mujer con bata que los saludó brevemente antes de dejarlos solos en una sala de análisis.
Sobre una mesa había tres copas y Sammy las señaló como si aquello fuera una ceremonia de iniciación, haciendo que su hijo mirara las copas con desconfianza.
—¿Para esto nos sacaste de la cama con tanto apuro? —preguntó y Darío le palmeó la espalda.
—Igual no ibas a aguantar mucho más. No eres tan resistente como tu padre.
—¡Papá!…
—¿Quééééééé? —carraspeó Darío—. Tu madre inventó el término “bambinización” por mí.
—¡Caminar como Bambi recién nacido! —exclamó Allison levantando la mano como si estuviera en la escuela—. ¡Entendí esa referencia!
—OK, OK, luego se pueden medir las… resistencias —intervino Sammy para que se concentraran—. Ahora a lo que vamos. Vino para beber, y antes de que prueben nada, les aviso: no traguen. Manténganlo unos segundos en la boca y después escúpanlo.
Allison se detuvo antes de sentarse.
—Esa advertencia no inspira confianza.
—No debería.
Ángel tomó una de las copas y olió el contenido.
—¿Qué es?
Sammy levantó una botella que Allison reconoció inmediatamente. Era una de las dos que habían comprado el día anterior en San Francisco, y la expresión de los tres cambió.
—¿Encontraron algo? —preguntó Allison.
—Primero quiero que entiendan qué estaban vendiendo —insistioó Sammy y Darío colocó tres pequeños recipientes delante de ellos.
—Prueben y escupan aquí.
Allison tomó su copa. Ángel hizo lo mismo y Alejandra los imitó con bastante menos entusiasmo. Los tres probaron una pequeña cantidad y la mantuvieron unos segundos antes de escupirla.
Allison frunció el ceño.
—No parece malo.
Alejandra hizo una mueca mientras dejaba su copa.
—No, pero es demasiado dulce.
Ángel volvió a mirar la botella.

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