30 DÍAS… CAPÍTULO 45. Un espía celoso
Allison cerró los ojos y por un instante eligió no enojarse. Había control, posesividad, celos y preocupación en aquella pregunta, pero entendía por qué él no podía evitarla.
—Dormí en el cuarto de invitados —respondió y el silencio que siguió fue distinto antes de que lo escuchara exhalar despacio.
“Bien”.
—¿Eso era lo que querías saber?
“Sí”.
—¿Celoso? —lo provocó ella.
“Práctico”.
—¡Claro!
Y por primera vez desde que había regresado con Oliver, Allison sonrió de verdad.
“Tenemos que ponernos a lo nuestro si quieres salir de ahí lo más pronto posible” dijo Ángel de repente. “¿Ya revisaste algo?”
Allison miró hacia el pasillo.
—No, voy a meterme en el despacho —contestó mientras avanzaba con determinación hacia el corredor.
Oliver le había dado acceso prácticamente completo al apartamento durante su relación. Nunca había tenido motivos para esconderle habitaciones ni cerrarle puertas. Quizás porque no la consideraba lo suficientemente peligrosa o porque creía que ella lo respetaba demasiado como para investigar nada suyo.
Así que aquella mañana había dejado abierto el despacho, como siempre, y Allison entró con expresión decidida.
El lugar estaba impecable. Escritorio amplio, libreros, archivadores y una pequeña zona de reuniones junto a los ventanales.
—Estoy dentro.
“No hagas nada todavía. Solo mira”.
Ella comenzó a recorrer la habitación con calma. Abrió un cajón y solo vio papeles normales. Otro. Solo contratos. Nada que justificara el riesgo.
—Hay demasiadas cosas.
“Entonces busca lo que no encaje” murmuró Angel.
—Eso es literalmente mi trabajo.
“Entonces hazlo”.
Allison sonrió. Se movió hacia una de las estanterías laterales sus ojos se posaron en la caja fuerte. Estaba integrada en una sección baja del mueble.
—Bueno, ya encontré la caja fuerte de Oliver —masculló.
“¿Abierta?”
—¿Tú qué crees?
“Es válido tener esperanza cuando se trata de idiotas como él. Descríbeme la caja”.
Allison la observó de cerca.
—Metálica. Empotrada. Cerradura de combinación.
“¿Digital?” —preguntó Angel.
—No.
Allison volteó el teléfono y tomó una fotografía.
—Te la mando.
Esperó unos segundos a que él abriera la imagen y lo escuchó bufar con impotencia.
“La veo”.
—¿Es un problema?
“Si fuera digital tendríamos más opciones para atacar el sistema. Una analógica es otra historia. Pero la abriremos igual, no te preocupes”.
Allison pasó los dedos por el disco de combinación.

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