30 DÍAS… CAPÍTULO 47. Un castigo apropiado.
Toda la tensión acumulada durante aquellos días pareció romperse al mismo tiempo.
Cada beso era desesperado, casi furioso. Ella le rodeó el cuello con los brazos mientras Ángel la apretaba contra su cuerpo, como si necesitara comprobar con sus propias manos que estaba bien.
Cuando finalmente se detuvieron, jadeando, Allison apenas tuvo tiempo de respirar.
—¿Cómo demonios entraste?
—Luego —gruñó él acariciándola, porque su prioridad en aquel momento no era hablar.
—¿Y las cámaras?
—Luego.
—¿Hay algo que me puedas decir ahora y no luego? —rezongó ella y su espalda encontró la pared con un sordo golpe sordo que le robó el aliento cuando Ángel volvió a besarla.
Pero no hubo tiempo para procesar el impacto; el cuerpo caliente de Angel la mantenía clavada en su sitio, como un ancla de calor y fuerza inamovible. Y el aire dentro del cuarto se sentía denso, cargado, porque aquello no era un beso, era una toma de posesión.
Su lengua se abrió paso en la boca de Allison con una brutalidad que no buscaba delicadeza sino sumisión. Invadió sus labios sin ceremonias, explorando, dominando, y Allison respondió con la misma intensidad. Mordió su labio inferior con suficiente fuerza para saborear un atisbo de metal, y él gruñó contra su boca, con un sonido animal que vibró desde su pecho hasta el de ella.
Sus manos subieron por su cuerpo, arrugando la tela de su bata, buscando el calor de su piel que había debajo.
La necesidad era como una bestia herida entre ellos, rugiendo, pidiendo salida. No había tiempo para botones, para cremalleras, para la lenta ceremonia del desvestirse. La bata quedó rota sobre los hombros, la boca de Angel se adueñó de uno de sus pezones y la espalda de Allison se arqueó frente al placer.
—Creo… que voy a necesitar mucha… ¡mucha… disciplina! —jadeó desesperada cuando la mano de Angel bajó con urgencia, deslizándose bajo la bata rota y subiendo por el interior de su muslo hasta encontrar el borde de sus bragas. No intentó quitárselas, ninguno de los dos tenía tiempo mientras intentaban contener los gemidos y el deseo. Con un movimiento torpe y brusco, solo apartó la tela del camino y Allison se cubrió la boca con una mano cuando sintió la punta de su miembro, dura y caliente, rozando su entrada.

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