30 DÍAS… CAPÍTULO 48. Un plan acelerado
Sabía que estaba al límite, y con un último movimiento brutal, se hundió hasta el fondo y se quedó allí, mientras un gruñido gutural escapaba de su garganta. Se corrió en silencio porque ninguno de los dos podía gritar; Allison sintió el calor inundándola, y esa fue la última gota. El orgasmo la golpeó como una ola, y una contracción violenta que sacudió todo su cuerpo mientras el mundo se disolvía en un estallido de luz blanca.
Se derrumbaron sobre el colchón, como un entrelazado de extremidades sudorosas y jadeantes, y Angel tiró de ella contra su pecho, abrazándola con la poca fuerza que todavía le quedaba.
—No vuelvas a hacer lo que acabas de hacer —le advirtió y los dos sabían que hablaba de ponerse peligro—. O la próxima vez no quedará nada de Oliver Crewman para que puedas denunciarlo.
Allison cerró los ojos por un segundo y se permitió descansar. No quería pelear con él, y entendía que si estaba allí era porque para Angel también era difícil no tener el control de la situación, especialmente sabiendo que algo podía pasarle. Pero eso no podía detenerlos a ninguno de los dos.
—Sabes que no puedo prometerte eso, conejito. Pero te prometo que seré más prudente.
—No te creo. —Ángel cerró los ojos un instante y Allison le acarició la mejilla—. Pero voy a encargarme de estar más cerca.
—¿Vas a venir a dormir conmigo todas las noches?
Él abrió los ojos y Allison permaneció quieta entre sus brazos, acariciando su pecho.
—No todas, pero sí cada vez que me necesites —respondió Angel.
—Y a propósito. ¿Tú cómo entraste? —lo increpó Allison y lo vio hacer una mueca con algo de alivio, no todo pero sí una pequeña parte.
—La cerradura de la puerta es electrónica. Nuestro hacker estelar me hizo un decodificador, literalmente la abrí en ocho segundos —respondió—. Es más fácil abrir la puerta de esta casa que una maldit@ gaveta —rezongó—. Pero hablando de eso… traje algo para ti.
Angel se levantó desnudo y Allison se recreó con la vista mientras él buscaba algo entre la ropa que había dejado junto a la cama y regresaba con un pequeño paquete negro. Ella lo recibió con curiosidad y, al abrirlo, encontró varias herramientas diminutas cuyo propósito no comprendió de inmediato.
—¿Qué es esto?
—Para copiar las llaves de los cajones. Son pequeñas y bastante simples. Con eso podremos reproducirlas sin tener que volver a quitárselas cada vez. Así podrás revisar con más calma cuando él se vaya.
Allison examinó el contenido del paquete y levantó una ceja.
—¿No crees que es un poco cruel ponerme a hacer manualidades en mitad de una operación peligrosa?
Ángel soltó una risa suave.
—Sobrevivirás.
—¡Eso espero! No quiero que mi epitafio diga: «Aquí yace Allison Hayes. Empresaria, contadora y pésima cerrajera».
Él le puso los ojos en blanco, pero todo en su interior terminó riendo porque aquella mujer tenía una habilidad especial para no dejar de ser loca ni en los momentos decisivos.
—Solo necesitas copiar unas llaves. Ven, te enseño cómo.
Y la verdad no era difícil, solo eran cinco cajitas con una masilla extraña dentro. Tenía que presionar las llaves por los dos lados y listo. Ella repitió el procedimiento hasta que aprendió y luego dejó el paquete en un cajón de su mesita de noche.
—¿Y la caja fuerte?
La expresión de Ángel se volvió seria.
—Estamos trabajando en eso. Al ser analógica, necesitamos otra forma de conseguir la combinación o abrirla sin dejar evidencia.
Allison sonrió lentamente.
—Bueno… creo que sé cómo lograr que él la deje abierta —dijo y Ángel la miró con inmediata desconfianza.
—¿Qué locura se te está ocurriendo?
—Ninguna. Pero creo que estoy fingiendo demasiado bien. Siento que de verdad se está tragando la historia de chica quebrada.
—¿Y eso debe tranquilizarme?
Allison se acomodó contra la cabecera y acarició su pecho.
—Oliver está convencido de que consiguió exactamente lo que quería. Cree que estoy rota, aterrorizada y dependiendo de él. Y si sigue creyéndolo, va a adelantar las cosas.

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