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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 179

30 DÍAS… CAPÍTULO 55. Una declaración inconsistente

El comando SWAT terminó de registrar el apartamento, incluso revisaron el perímetro del edificio, previendo que el arma hubiera caído en algún lugar debajo, pero no encontraron ningún indicio de que hubiera un arma involucrada.

Poco después empezaron a retirarse, Allison fue llevada hacia la salida y Ángel permaneció esposado junto a dos agentes.

Entonces apareció un hombre vestido de civil, que llevaba una placa visible en el cinturón. Miró primero a Ángel, después a Oliver.

—¿Es usted Oliver Crewman? —preguntó y el hombre dio dos pasos hacia él, enseñando su placa.

—Sí.

—Detective Fergusson. ¿Quiere decirme qué pasó?

—¡Bien, por fin alguien que escucha! —exclamó Oliver señalando a Angel—. ¡Ese hombre debe ser arrestado! ¡Secuestró a mi prometida, entró aquí armado y trató de extorsionarme!

El detective levantó una ceja.

—¿Está acusando formalmente a ese hombre de secuestro y extorsión? —preguntó sacando su libreta y una pluma y Oliver ni siquiera se molestó en pensarlo mejor.

—¡Sí!

Ferguson miró hacia una mujer seria y formal que venía detrás de él y le hizo una inclinación con la cabeza.

—Ya escuchaste al señor, secuestro y extorsión, activa el protocolo —sentenció antes de girarse de nuevo hacia Oliver.

—¿Lo reconoce?

—¡Claro que lo reconozco! Era mi chofer, después desapareció y ahora resulta que fue él quien secuestró a Allison, mi prometida.

—¿Quiere relatarme brevemente cómo ocurrieron los hechos de esta noche?

—¡Por supuesto! ¡Ese tipo derribó la puerta de mi casa, entró armado, nos apuntó a mi prometida y a mí, y luego me exigió que abriera la caja fuerte y le entregara trescientos mil dólares!

Ferguson giró la cabeza, la caja seguía abierta.

—¿Esta caja fuerte? —preguntó señalándola.

—Sí, esa —confirmó Oliver.

—Perfecto. Señor Crewman, por favor, aléjese de ella indicó el detective y hasta él se dio cuenta de que el semblante del acusador cambiaba drásticamente.

—¿Qué? —Oliver frunció el ceño.

—Aléjese de la caja fuerte —repitió el detective, mirándolo ahora con más atención.

—No, espere. ¡El dinero de ahí es mío!

—Y nadie va a robárselo —le dijo Ferguson—. Pero a partir de este momento, la caja y todo su contenido quedan preservados como evidencia.

Oliver palideció y trató de carraspear para que la urgencia no se le notara demasiado en la voz.

—No… No necesitan todo. Él quería dinero, solo tienen que revisar el efectivo…

—Me temo que eso ya no lo decide usted. Lo decidirán los investigadores correspondientes.

Oliver se quedó inmóvil.

—¿Qué investigadores? —preguntó y el detective sostuvo su mirada.

—Federales.

—¿Federales? —Oliver sintió que el mundo se le movía bajo los pies, porque lo que menos necesitaba era a federales hurgando en su caja fuerte—. Pero… solo fue un asalto, un… traspaso de propiedad privada o como se llame. ¿Por qué meter a los federales en esto? —reclamó.

—Porque usted acaba de denunciar un secuestro y una extorsión —respondió Ferguson sin inmutarse—. Eso ya es competencia del FBI.

La expresión de Oliver perdió todavía más color y trató de negar con insistencia.

—No hace falta…

—Hace dos minutos estaba exigiendo que arrestáramos a ese hombre —sentenció Ferguson achicando los ojos.

—Sí, pero...

—Entonces necesitamos su declaración completa. Será mejor que me acompañe a la comisaría.

Oliver miró hacia la caja fuerte, pero el detective se interpuso ligeramente.

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