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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 178

30 DÍAS… CAPÍTULO 54. Un hombre confiado

Ambos hombres la miraron. Ella estaba encogida en el suelo, llorando y temblando, con las manos en la cabeza.

—¡Dale lo que quiera! —suplicó—. ¡Dale el dinero! ¡No quiero morir!

Oliver pasó saliva y respiró pesadamente, tratando de controlar la situación.

—Allison, cálmate…

—¡No me digas que me calme! ¡Me tuvo encerrada durante semanas! ¡Dice que me va a llevar de nuevo! ¡No dejes que me lleve! ¡Dale el dinero!

Ángel volvió la pistola hacia Oliver con una sonrisa descarada.

—¿La estás escuchando? La pobrecita no quiere que me la lleve de nuevo. ¡Así que mejor hazle caso! ¡Mis trescientos mil! ¡Ahora!

—Te estoy diciendo que no tengo esa cantidad aquí. ¡¿Cómo se te ocurre que voy a tener trescientos mil dólares en efectivo en mi casa?!

Allison levantó la cabeza en ese momento con los ojos llorosos.

—¡Oliver, sí los tienes! ¡La caja fuerte!... ¡Sé que tienes ese dinero! ¡Dáselo!

Oliver se quedó inmóvil. Ángel también, aunque únicamente durante una fracción de segundo. Luego se acercó a él con un gesto violento y entonces sí que lo tocó. Una de sus manos lo jaló por la camisa del pijama, mientras con la otra enterraba encajaba el cañón de la pistola bajo su barbilla.

—¿Qué caja fuerte? —preguntó y Allison señaló hacia el pasillo con una mano temblorosa.

—¡Tiene una en el despacho! ¡Tiene que haber algo ahí! Dinero, joyas, no sé... ¡Dale lo que tengas, Oliver!

Y él la miró con una parte de incredulidad y otra de rabia.

—¡Allison...!

—¡No quiero que vuelva a llevarme! —Ella comenzó a llorar todavía más fuerte—. ¡Por favor! ¡Dale todo! ¡Me da igual el dinero!

Ángel sujetó a Oliver por el hombro y lo hizo girar hacia el pasillo.

—¡Camina!

—No encontrarás trescientos mil dólares ahí…

—¡Entonces espero que tengas una cantidad que me convenza! —espetó Angel mientras se alejaban hacia el despacho.

—Estás entrando armado en mi casa —siseó Oliver cuando llegaron—. ¿De verdad crees que esto va a salir bien para ti?

Ángel soltó una carcajada seca.

—Ya soy un secuestrador fugitivo, imbécil. ¿Qué quieres que haga? ¿Que empiece a preocuparme ahora por mi reputación?

Lo empujó hacia la caja fuerte y le encajó el cañón de la pistola entre los omóplatos.

—Ábrela, ahora. ¡No voy a pedirlo amablemente otra vez!

Oliver tembló durante un instante.

—¿Y si no lo hago?

—Entonces tendré que recordarte que hiciste una mala elección cuando me convertiste en criminal, porque ni yo mismo sé de lo que soy capaz cuando estoy acorralado —siseó Angel.

—No tienes idea de lo que estás haciendo…

—Tengo una idea bastante clara. ¡Quiero dinero! ¡Tú tienes dinero! —Ángel señaló la caja fuerte—. Y no pienso ser un fugitivo pobre el resto de mi vida.

Oliver empezó a asustarse de verdad cuando comprendió que Ángel no estaba interpretando ninguna clase de amenaza.

Hasta ese momento había intentado conservar el control. Había discutido, había tratado de ganar tiempo y había repetido varias veces que no tenía trescientos mil dólares en efectivo, pero la expresión de Ángel no cambiaba y la pistola seguía apuntándole con una firmeza que terminó por romperle los nervios.

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