30 DÍAS… CAPÍTULO 77. Una asociación de secuestrados
La pregunta no era graciosa, pero la cara que estaba poniendo Angel definitivamente sí lo era.
—¿Cómo me sacaste del aeropuerto? – la interrogó como si el que estuviera esposado no fuera él.
—Tengo recursos.
—¿Qué recursos?
—Unos amigos colaboraron.
Ángel negó lentamente con la cabeza, porque podía imaginar muy bien quiénes eran exactamente esos “amigos”.
—¡Voy a desheredarme yo mismo! -exclamó y Allison dejó escapar un suspiro.
-Estoy de acuerdo, pero antes tenemos que resolver lo nuestro, porque la narrativa predictiva de tu padre me asusta mucho y ya me dijeron que una vez avisó que iba a llover, ¡y llovió!
Angel despegó los labios, pero no salió nada, porque hasta donde podía escuchar, toda aquella gente parecía haber pasado por una psicosis colectiva.
-¿De qué narrativa estás hablando exactamente? -la increpó.
-Bueno… el Diablo Rivera, que sabe más por diablo que por viejo, me dijo que dentro de dos años voy a estar casada con un hombre estable y aburrido.
Ángel parpadeó.
—¿Disculpa?
—Y que tú vas a volver demasiado tarde, vamos a descubrir que seguimos enamorados, no podremos hacer nada y viviremos deprimidos para siempre.
—Mi padre es un idiota.
—Dice que es pitoniso -se rio Allie.
—Retiro lo dicho. Mi padre es un idiota pitoniso -susupiró Angel y ella soltó una carcajada.
—De cualquier forma, ni siquiera me voy a arriesgar a vivir infeliz para siempre o morir deprimida.
Ángel dejó de sonreír, pero en medio de su expresión seria quedaba la intención del juego que hacía tan latente la tensión entre los dos.
—Bueno… vivir infeliz y morir deprimido es cosa seria. Creo que mejor yo tampoco me arriesgo.
Allison sonrió despacio. Estar con él se sentía extrañamente natura, como si hubiera nacido para sentarse sobre las piernas de aquel hombre, por más loco que pudiera parecer.
—Angel… ya sé que somos diferentes, y no quiero pedirte que abandones tu vida.
—No tendrías que pedirlo -murmuró él, porque la comprendía más de lo que ella creía.
—Y no quiero abandonar la mía.
—Tampoco te lo voy a pedir -aseguró Angel.
La respuesta era tan sencilla que casi la irritaba, pero había algo en sus ojos con lo que no se podía discutir, como si estuviera decidido tener siempre una solución.
—Nuestras rutinas son terriblemente distintas -dijo Allison.
—Sí.
—Eso debería preocuparte un poco más.
—Me preocupa muchísimo -admitió él.
—No parece.
—¡Porque estoy esposado! ¡Mi capacidad para gesticular está limitada!
Allison soltó una risa y Ángel aprovechó para acercar el rostro al suyo.
—No necesito que vivas como yo. Y yo no quiero vivir como tú —añadió él.
—Eso fue ofensivo.
—Trabajas demasiado.
—Tú saltas de aviones.
—Por eso necesitamos negociar -sonrió Angel.

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