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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 201

30 DÍAS… CAPÍTULO 76. Un secuestro express

Lo primero que Ángel sintió al recuperar la conciencia fue dolor en el cuello. Lo segundo fue frío en las muñecas. Abrió los ojos lentamente y durante unos segundos no entendió nada. Había madera frente a él: Madera. Una mesa. Un sofá. Una chimenea.

Parpadeó y trató de mover los brazos. “¡Clac!”. El sonido metálico terminó de despertarlo y Ángel bajó la mirada, estaba esposado a una silla.

—¿Qué demonios...?

Tiró de las esposas una vez, todavía desorientado, pero la silla apenas se movió. Le dolía la cabeza y tenía la boca seca, pero no parecía estar herido. Así que rRespiró profundamente, obligándose a observar el lugar en vez de dejarse llevar por la confusión.

La chimenea. Los ventanales. La cocina. La escalera… el lago al fondo.

La vista lo desperezó de golpe y Ángel se quedó inmóvil.

—No puede ser.

Reconocería aquella cabaña aunque despertara colgado del techo. La cabaña del lago Mohawk. ¡Su cabaña! Y para empeorar la situación, su misma silla.

Ángel volvió a tirar de las esposas.

—¡¿Hola?! —Silencio—. ¡Alejandra! —Nada—. ¡Papá! —Siguió sin tener respuesta—. ¡Como esto sea una broma...!

—¿Una broma?

Ángel se congeló con aquella voz que llegó desde detrás de él. Giró la cabeza todo lo que pudo, solo para ver a Allison caminando tranquilamente por su cocina.

Llevaba una taza humeante en una mano y una expresión de absoluta inocencia que, viniendo de ella, era prueba suficiente de culpabilidad.

Ángel la miró como si estuviera viendo a un fantasma, como si la idea de ella, el lago y la cabaña otra vez fuera algo que solo podía existir en sus fantasías.

—Tú…

—Yo.

—¡Me drogaste! —Y no era precisamente ni pregunta ni acusación, era incredulidad pura.

Allison caminó hasta él y le acercó la taza.

—¿Quieres un poco? Un chocolatito caliente le mejora el humor a todo el mundo, en especial a la gente secuestrada —le advirtió con una sonrisa.

Ángel despegó los labios más de una vez, pero no para beber. Y como la verdad no sabía si era para protestar y celebrar, mejor volvió a cerrarla, y dejó escapar solo una palabra.

—Allison…

Ella dejó la taza sobre la mesa con un gesto suave y coqueto.

—Ángel…

—¿Qué es esto? ¿Por qué estoy aquí?

Ella sonrió, y antes de que Angel pudiera decir algo más, caminó hasta la silla, pasó las manos sobre sus hombros y se sentó sobre él.

Ángel dejó de tirar de las esposas en ese mismo segundo, pasando saliva porque tenerla tan cerca lo descontrolaba… pero tampoco quería que ella se diera cuenta.

—Esto cambia considerablemente mi disposición a presentar cargos —suspiró, sintiendo cómo su aliento caliente se estrellaba contra el pecho de Allison mientras los dedos de ella se enredaban en el cabello de su nuca.

—Me alegra —replicó Allison con picardía, mordiéndose el labio inferior—. Pero ahora presta atención, porque esto es un secuestro, y hay reglas.

Ángel entrecerró los ojos.

—¿Reglas?

—Sí. Primera regla: vas estar aquí por treinta días y más te vale no hacerme enojar.

Él soltó una carcajada sin poder evitarlo.

—¿En serio?

—¡No me interrumpas! Estoy intimidándote —reclamó Allison.

—¡Cierto, cierto! Entonces pásame la lista de todas las cosas que te hacen enojar, y yo procuraré no infringir ninguna de ellas.

Allison sintió cómo remedaba sus palabras de un mes atrás, y le sujetó la barbilla.

—Segunda regla: trabajarás cuando yo te diga y en lo que yo te diga.

—Por supuesto, ama —aseguró él.

—Tercera: tendrás tres comidas al día porque soy una secuestradora responsable. Y como también quiero sobrevivir, cocinaré yo.

—¡Eso lo copiaste!

—Silencio.

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