30 DÍAS… CAPÍTULO 79. Un hombre en entrenamiento
La mirada de Angel era más incisiva que un misil dirigido por infrarrojos, y terminó señalando a su padre con un índice muy acusador.
—Tú estás en mi lista —le gruñó.
—¿Qué lista?
—La de personas que vendieron mi cuerpo a esa mujer.
—No te vendimos.
—¡Me drogaron!
—Fue una dosis perfectamente calculada.
Ángel miró a Allison y ella se acercó y le acomodó cariñosamente el cuello de la camisa.
—Ya pasó, conejito.
Pero eso no era suficiente.
—¡A partir de este momento! —anunció Ángel, dirigiéndose a toda su familia—. ¡Las vacaciones quedan oficialmente restringidas a dos semanas al año!
Allison abrió los ojos.
—¿Qué?
—¡Dos semanas! ¡Si se puede hasta separadas!
—¡Eso no es negociable! —exclamó ella y Alejandra comenzó a reír.
Peri cuando la cosa estaba a punto de ponerse más escandalosa, Darío se acercó a Allison y le puso una mano sobre el hombro.
—Perdóname, hija.
—¿Yo? ¿Por qué? —preguntó ella y Darío señaló discretamente a su hijo.
—Pensé que lo había criado mejor. Te prometo que lo entrenaré a partir de ahora.
Allison miró a Ángel, que acababa de descubrir la mesa de comida y parecía decidido a recuperar en una sola tarde todo el peso que la cama le había hecho perder durante el último mes.
—Gracias. Creo que todavía tiene posibilidades.
—¡Los estoy escuchando! —protestó él desde el otro lado del salón—. ¡Y juro que me vengaré!
***
Un año después, Allison estaba terminando de revisar un contrato cuando su asistente apareció en la puerta.
—Hay alguien que quiere verla.
Allison ni siquiera levantó la cabeza.
—Si no tiene cita...
—Es le detective Ferguson.
Eso consiguió su atención y dejó el bolígrafo sobre el escritorio de inmediato.
—Hazlo pasar.
Ferguson entró unos segundos después. No llevaba la expresión de alguien que hubiera aparecido para investigar un nuevo delito, lo cual Allison consideró una excelente noticia.
—Señorita Hayes.
—Detective.
—Prometo no quitarle mucho tiempo.
—Siéntese, por favor.
Ferguson lo hizo, pero Allison notó que no llevaba libreta, carpeta ni ninguna de las cosas que solían acompañarlo cuando tenía preguntas.
—Esta mañana se dio el veredicto en el juicio de Oliver Crewman —comenzó Ferguson y Allison se quedó quieta, atenta.
Sabía que el juicio estaba terminando. Había declarado meses atrás y después había evitado seguir cada detalle. No necesitaba convertir la caída de Oliver en una parte permanente de su vida.

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