10 AÑOS… CAPÍTULO 10. Un sustituto
La frase debería haberle resultado absurda. Incluso podía haberse reído, seguir preguntando por aquel hombre misterioso y convertirlo en otra de las provocaciones que llevaban intercambiando desde que se habían conocido. Sin embargo, algo desagradable se instaló en su estómago.
—Vaya —murmuró, apartándose ligeramente—. Eso explica algunas cosas.
Giulia lo observó con atención. La sonrisa había desaparecido de sus ojos y la mandíbula estaba tensa. De pronto comprendió qué estaba pensando: Byron creía que era un reemplazo, y le dolía.
Aquello despertó una parte bastante menos generosa de Giulia. Él llevaba diez años sin recordar siquiera que ella existía y ahora le molestaba imaginar que pudiera estar interesada en él porque se parecía a otro hombre. La ironía era demasiado perfecta para desperdiciarla.
—¿Qué cosas? —preguntó.
—Por qué me miras de esa manera, para empezar —siseó él.
—¿De qué manera?
—Como si algunas veces quisieras besarme y otras romperme la cabeza contra una pared.
—Quizá quiero ambas —sonrió Giulia—. Después de todo, los asesinatos también pueden ser pasionales.
Su cuerpo salvó aquellos centímetros que los separaban y cuando su boca se estampó contra la de Byron no fue provocación, no fue un quizás… fue cálculo.
Byron se quedó inmóvil apenas una fracción de segundo. Después una de sus manos rodeó la nuca de Giulia y la otra se cerró sobre su cintura. El beso dejó de pertenecerle a ella casi inmediatamente, porque Byron respondió con una posesividad que la obligó a apoyarse en su hombro, acercándola hasta borrar cualquier espacio entre ambos.
Giulia había querido provocarlo. El problema era que conocía aquella boca, y su cuerpo también. Diez años desaparecieron durante unos segundos y tuvo que hacer un esfuerzo brutal para recordar por qué había empezado aquello.
Fue Byron quien se separó primero, pero no porque no quisiera seguir besándola, sino porque la duda lo mataba. Su respiración estaba agitada y su rostro se había ensombrecido.
—¿A quién acabas de besar? —preguntó mientras Giulia todavía tenía una mano apoyada contra su pecho.
—¿Qué…?
—¿A quién acabas de besar? ¿A mí o a él?
Y ella pudo haber terminado el juego. Bastaba decirle la verdad más sencilla: que no existía ningún otro rostro, que estaba compitiendo consigo mismo, con su yo de diez años atrás, que no besaba tan bien como este… Pero en lugar de hacer eso, retiró lentamente la mano.
—Eso ya no importa.
La expresión de Byron se endureció en un segundo, porque no era la respuesta que quería escuchar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS