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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 221

10 AÑOS… CAPÍTULO 11. Celos, malditos celos

La sonrisa de Byron no era de humor, era de peligro documentado, porque aunque la mitad del imperio Blackwood estaba en peligro y por supuesto eso lo incluía, también era una excusa perfecta para aparecer en todo el esplendor de su sementalidad.

—¿Quiere un peinecito para arreglarse en el espejo del ascensor? —le preguntó Tessa mientras lo veía salir a toda prisa.

—¿Estoy despeinado? —se detuvo él de golpe.

—Si sigue corriendo así… sí —se rio ella y Byron la señaló con un dedo acusador.

—¡Descuento del cincuenta por ciento del bono de este mes! —la amenazó y ella le hizo un gesto para que mejor se fuera, porque su bono, en todo caso, solo subiría y lo sabía muy bien.

Una hora después Byron y su excusa entraron en la oficina de Giulia. Ella levantó la mirada y su expresión dejó claro que no esperaba encontrarlo allí.

—¿Qué haces aquí? —murmuró.

—Trabajar. Algunas personas lo hacemos, aunque no nos guste el resultado —respondió él.

Ni una sola mención de la cita. Ni una mención de sus celos, del otro hombre o de que no había dejado de pensar en ella.

—Pensé que los auditores internos tenían oficinas propias —murmuró Giulia echándose atrás en su silla.

—También tenemos piernas y obligación de compartir información relevante —sentenció Byron con tono neutro.

Giulia puso los ojos en blanco y él dejó la carpeta frente a ella.

—Esto llegó esta mañana desde la sede de Blackwood Holdings en Londres. Son documentos vinculados a varias operaciones que aparecen mencionadas en la auditoría externa. Consideré que Katerina debería tener acceso a ellos.

Giulia abrió la carpeta y en cuanto comenzó a revisa, su expresión se volvió seria.

—Esto expone directamente a Angela.

Y ese nombre era conocido por ser una de las razones principales por las que Katerina y Jordan se estaban divorciando.

—Sí.

Giulia pasó otra página y luego lo miró como si quisiera medir cuánto de determinación había en él. Angela también era una Blackwood, aunque no la más querida en aquel momento.

—¿De verdad estás dispuesto a hacerla caer?

Byron se apoyó contra el borde del escritorio.

—Si hizo lo que parece que hizo, no necesito hacerla caer. Lo consiguió ella sola —sentenció.

—Es parte de tu familia.

—Eso no la vuelve inocente.

Giulia cerró la carpeta como si le resultara un poco difícil creer que no hiciera lo mismo que su primo: defender lo indefendible.

—Pensé que intentarías protegerla —admitió.

—Jamás he confiado en Angela —respondió Byron—. Y no pienso destruir mi empresa ni mi apellido escondiendo irregularidades porque compartamos cenas familiares obligatorias.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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