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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 223

10 AÑOS… CAPÍTULO 13. Un hombre confundido

La expresión de Byron era como para escribir una epopeya más sustanciosa que la Odisea. Tanto que aquella mirada asesina de Marco casi se convirtió en lástima.

Los ojos de Byron pasaron lentamente de Marco a Giulia y luego volvió al hombre al que acababa de llamar mantenido después de seguirlo desde el aeropuerto, vigilarlo durante toda una cena y estar a punto de iniciar una pelea por él.

—¿Hermana…? —repitió finalmente y Marco arqueó una ceja.

—¿Necesitas que te explique el concepto?

Giulia se tapó la boca, pero no consiguió ocultar la sonrisa, y los ojos desencajados de Byron cayeron en ella.

—Tú sabías perfectamente lo que yo estaba pensando.

—¡Pero por supuesto! —exclamó ella muerta de risa, y ese sonido relajó a Marco en un segundo.

—¿¡Y no dijiste nada?!

—No preguntaste.

—¡Te pregunté quién era! —exclamó él—. ¡Y lo usaste de cebo para hacerme perder el control! ¡Que no digo que no sea un buen cebo, es bastante bonito el niño, ese es el problema!

Marco soltó una carcajada que lo acercó un poco más a su edad y no al hombre serio que había aparentado.

—Ya me cae bien.

—¡Cállate! —le gruñó Byron.

—Hace treinta segundos me llamaste mantenido. Creo que me he ganado el derecho a divertirme a costa tuya.

Marco pasó deliberadamente un brazo por los hombros de Giulia y la atrajo contra su costado.

—Y para tu tranquilidad, pienso seguir aprovechándome de mi hermana siempre que pueda. Es uno de mis derechos fundamentales como hermanito menor.

—Abusas de ellos —replicó Giulia—. Por eso vives lejos.

—Y aun así corres al aeropuerto cuando regreso.

—¡Porque alguien tiene que asegurarse de que encuentres la salida, maldito tarado!

Byron los miró y de pronto todas las escenas de aquella noche adquirieron un significado completamente diferente. La facilidad con que se tocaban, las bromas, Marco besándole la frente, Giulia pagando la cena y anunciando que lo llevaría a casa.

¡Hermanos!

Había perseguido a aquella mujer por media ciudad porque solo con tono de sus palabras ella le había hecho creer que estaba desesperada por recibir a su amante en lugar de ir por su hermano. ¡Y lo peor era que ella ni siquiera había dicho nada! ¡Él se había hecho toda la película solito!

—¡Esto no sale de esta terraza! —advirtió y Marco rio por lo bajo.

—Esto va a salir de esta terraza, de este restaurante y posiblemente del país.

—Marco —lo reprendió Giulia dándole un codazo, aunque ya estaba riéndose.

—¿Qué? Acabo de descubrir que un Blackwood pagó una fortuna por una mesa para espiarnos porque pensó que me acostaba con mi hermana. Esto merece conservarse para las generaciones futuras.

Byron miró a Giulia como si quisiera asfixiarla por telepatía.

—¡Tú tampoco vas a contarlo! —le advirtió como si de verdad tuviera poder sobre ella.

—No prometo nada.

—¡Giulia!

—¡Oye, tú fuiste el que siguió hasta el aeropuerto…

—Ya admití que fue una pésima decisión —rezongó Byron poniéndose colorado de vergüenza.

—Luego nos seguiste hasta aquí…

—La misma pésima decisión tuvo varias etapas.

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