10 AÑOS… CAPÍTULO 12. ¡¿Estás loco?!
Ver cómo Giulia seguía de largo sin darle explicaciones quizás no era lo peor de todo. Lo peor fue que Byron salió detrás de ella sin tener la menor idea de qué demonios estaba haciendo.
Se quedó quieto mientras las puertas se cerraban. No necesitaba saber quién era Marco, mucho menos necesitaba comprobar qué clase de hombre conseguía que Giulia Orlenko saltara de su silla, reservara el mejor restaurante de la ciudad y corriera personalmente al aeropuerto para recibirlo. Pero su cabeza era una cosa… y su ego desafiado era otra mjuy diferente, así que veinte minutos después conducía hacia el aeropuerto.
—Esto es completamente ridículo —masculló, aferrándose al volante.
¡Y lo era, pero no dio la vuelta!
Llegó poco después que Giulia y la encontró esperando en la terminal. Se mantuvo suficientemente lejos para que ella no lo viera y durante varios minutos empezó a sentirse como un acosador. Estaba a punto de recuperar la dignidad y marcharse cuando las puertas de llegadas se abrieron y entonces apareció el famoso Marco.
Alto, de cabello castaño claro, hombros anchos y expresión seria. Byron sintió una antipatía inmediata y absolutamente injustificada cuando Giulia corrió a recibirlo; y el hombre soltó la maleta justo a tiempo para atraparla entre sus brazos. Ella se rio mientras él la levantaba ligeramente del suelo y, cuando volvió a bajarla, le sostuvo el rostro entre las manos y le dio un beso en la frente.
No se besaron en la boca. Y Byron casi habría preferido que lo hicieran, porque aquello que veía era peor, era una intimidad absoluta. Giulia hablaba sin parar mientras el hombre recogía su equipaje y ella permanecía enlazada a su brazo. Él inclinaba la cabeza para escucharla, respondía algo que conseguía hacerla reír y la miraba como si fuera su persona favorita en el mundo.
Byron sintió que algo le ardía en el estómago.
—¡Maldición, necesito ayuda profesional! —gruñó regañándose, y una hora después confirmó el diagnóstico cuando los vio entrar en uno de los restaurantes más exclusivos de Manhattan y entró detrás de ellos—. Una mesa para uno —pidió.
—Lo siento, señor, estamos completos.
Byron miró hacia el salón. Giulia y Marco acababan de sentarse en un reservado.
—Necesito una mesa.
—Podría reservar para mañana…
Byron sacó una de sus tarjetas y su nombre consiguió lo que ni el dinero podía. Treinta segundos después estaba sentado en una mesa desde la que podía observarlos sin ser visto fácilmente.
No podía escuchar la conversación, pero no lo necesitaba cuando Marco tocaba a Giulia constantemente con la naturalidad de quien llevaba haciéndolo toda la vida. Una mano sobre la suya mientras hablaban, un brazo alrededor de sus hombros cuando ella le enseñó algo en el teléfono, un beso sobre su cabello después de que Giulia dijera algo que lo hizo reír.
Ella estaba radiante y Byron pidió whisky. El camarero lo miró con discreta preocupación, pero le sirvió.
—¡Demonios, esto no es normal! —siseó él.
¿Respuesta corta? No, no lo era.
Pasaron casi dos horas. Byron vio llegar platos, vino y postres mientras él acumulaba razones para odiar a un hombre al que ni siquiera conocía. Y ya había oscurecido cuando Giulia hizo una señal al camarero. Byron vio que Marco intentaba sacar la cartera y ella le dio un golpe en la mano.
Esta vez habló lo bastante alto para que pudiera escucharla.
—Yo pago la cuenta y no pienso discutir contigo —sentenció Giulia haciéndole un guiño—. Y después te llevo a casa.
Byron reaccionó como si lo hubieran apuñalado por la espalda.
¡¿A casa?!
Aquellas dos palabras terminaron con lo poco que quedaba de su sentido común.
Minutos después, Giulia se levantó y caminó hacia el pasillo que conducía a los baños, pero no llegó, porque pasando frente a una de las terrazas, una mano tiró de su brazo y la estampó contra una de las paredes exteriores.
—¿Byron? —Giulia abrió mucho los ojos—. ¿Qué demonios haces?
Byron no respondió, solo tenía cara de animal herido y encima, ofuscado. Giulia lo estudió y la comprensión apareció lentamente en su rostro.
—No puede ser.
—Giulia...
—¿Me seguiste?
—Sí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS