10 AÑOS… CAPÍTULO 22. Una noticia devastadora
Tres horas después, Giulia subió a una ambulancia. Ángel estaba al volante, otro paramédico ocupaba el asiento delantero y una enfermera especializada revisaba por tercera vez el equipo de reanimación.
Giulia tragó saliva.
—Todavía podemos reconocer que esto es una idea espantosa.
Ángel la miró por el espejo.
—Lo sabemos desde el principio —avisó.
—Perfecto. Eso me tranquiliza mucho.
El trayecto hasta la residencia Blackwood se hizo eterno. Giulia permaneció atrás con la enfermera, repasando exactamente qué debía hacer y, sobre todo, qué no debía tocar. Cuando llegaron, ella se quedó oculta dentro de la ambulancia, después de todo, había sido una de las primeras personas en humillar a Angela Blackwood el día que su hermana la había desenmascarado, así que prefería evitar que la reconocieran.
Ángel iba mejor disfrazado y él y el otro paramédico fueron los que entraron a la residencia.
Los minutos comenzaron a pasar. Cinco. Diez. Quince. Giulia miraba el reloj cada pocos segundos, hasta que las puertas se abrieron de nuevo. Giulia vio primero a Ángel, después la camilla. Emerson Blackwood estaba inmóvil sobre ella y no parecía enfermo, parecía muerto.
La impresión fue tan fuerte que Giulia se quedó paralizada durante un segundo.
—Muévete —ordenó la enfermera y eso la hizo reaccionar.
La camilla entró. Las puertas se cerraron y Ángel golpeó dos veces la separación antes de que la ambulancia arrancara.
—¡Ahora!
Todo ocurrió de golpe. La enfermera comprobó rápidamente a Emerson y comenzó las maniobras mientras daba órdenes precisas. Giulia hizo exactamente lo que le habían indicado, alcanzando material, apartándose cuando debía hacerlo y sintiendo que cada segundo se estiraba hasta convertirse en un minuto.
Nada.
—Vamos —murmuró Giulia.
La enfermera continuó, el vehículo tomó una curva y ella tuvo que sujetarse antes de volver junto a la camilla.
—Otra vez.
El cuerpo de Emerson respondió al procedimiento, pero no él. Giulia sintió que el miedo empezaba a cerrarle la garganta. Katerina había hablado de aquello como un plan, pero en ese momento dejó de parecerlo. Era un hombre sin respirar dentro de una ambulancia.
—Vamos, señor Blackwood —susurró—. Su hijo ya tiene suficientes problemas, y el idiota de su sobrino más todavía.
La enfermera volvió a comprobarlo. Pasaron unos segundos insoportables… y entonces se movió. Fue apenas una reacción, pero Giulia contuvo el aliento. La enfermera volvió a comprobar sus constantes y continuó trabajando. Y de pronto Emerson aspiró aire con un sonido áspero, débil, desesperado; pero respiró.
Giulia se quedó mirándolo con los ojos abiertos mientras el pecho del hombre volvía a elevarse.
—Tenemos respiración —dijo la enfermera, y ella soltó el aire que llevaba demasiado tiempo conteniendo y se dejó caer contra la pared de la ambulancia.
Emerson Blackwood acababa de morir para todo el mundo y dentro de aquella ambulancia acababa de volver a respirar.
Su trabajo estaba echo, y la intención de desollar a su hermana por hacerla pasar por aquello también. Pero mientras ella empezaba a hacer su parte real, que era llevar al señor Blackwood a una clínica segura donde pudiera recuperarse de forma completamente anónima, la noticia llegaba a la oficina de Byron como un presagio de desastre.
No fue una llamada familiar. Ni siquiera fue Jordan. Su asistente entró sin tocar, con el teléfono todavía en la mano y una expresión que consiguió que Byron dejara inmediatamente el informe que estaba leyendo.
—¿Qué pasó?

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