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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 231

10 AÑOS… CAPÍTULO 21. Ayuda

Byron no supo cómo llegó a su propio departamento, probablemente en taxi. Y no porque su mente estuviera nublada, sino porque estaba ocupada pensando todo lo que acababa de ver y escuchar. Y tres días después descubrió que había preguntas capaces de convertirse en una forma particularmente efectiva de tortura.

“¡Y si de verdad no me recuerdas, entonces eso quiere decir que signifiqué tan poco en tu vida que ni siquiera merecía un espacio en tu maldit@ memoria!”

La frase de Giulia regresaba una y otra vez, siempre acompañada por aquellos cuadros.

Se obligaba a pensar en ella diez años atrás y su memoria simplemente no producía una imagen. Nada relacionado con Giulia Orlenko existía antes del divorcio de Jordan.

Sin embargo, las pinturas existían, y eso lo aterraba.

El primer día estuvo a punto de llamarla cinco veces. El segundo escribió un mensaje que borró sin enviarlo. El tercero aceptó que ni siquiera sabía qué preguntarle.

“¿Cuándo nos conocimos? ¿Qué fui para ti? ¿Qué te hice?”

Después recordaba cómo había llorado Giulia y se sentía como un miserable.

La deseaba. Eso tampoco había desaparecido. Recordaba los besos, el picnic, su risa, la madrugada en su cama. Recordaba despertarse a su lado con aquella sensación absurda de estar exactamente donde quería estar. Y luego recordaba los cuadros: su rostro pintado desde hacía demasiado años.

—¡Maldición! —gritó una tarde, barriendo su escritorio con un brazo, como si tirar cosas al suelo pudiera calmar su impotencia.

Pero el trabajo tampoco le concedía demasiado espacio para perder la cabeza tranquilamente.

La auditoría se estaba convirtiendo en un desastre de dimensiones monumentales. Cada documento nuevo abría otro problema y la prensa ya había descubierto la magnitud completa del desfalco relacionado con Angela. Blackwood Holdings tenía periodistas frente a las oficinas, llamadas constantes de inversionistas y una junta que parecía haber decidido resolver cada crisis convocando otra reunión.

Pero ya no tenía a quién decirle todo eso porque no podía llamar a Giulia.

No era que hubiera desaparecido, era que ya no estaba en los lugares a los que él podía acceder sin parecer un poco acosador.

Giulia, por su parte, no volvió a la empresa y tampoco se refugió en su estudio. Hizo algo que llevaba años sin hacer durante más de una visita breve: regresó a la mansión de sus padres y se encerró en una habitación de la que nadie podía sacarla.

Su padre intentó hablar con ella, pero Aleksei Orlenko era de los que entendían cuando una hija necesitaba espacio y cuándo requería su presencia como sicario elegante. Así que le dio espacio.

Giulia siempre había sido mucho más hermética que Katerina. Su hermana explotaba, discutía, lloraba si tenía que hacerlo y luego comenzaba a reconstruir. Giulia se encerraba detrás de una puerta invisible y podía permanecer allí durante semanas.

Y precisamente casi una semana después de aquella noche con Byron, Giulia estaba acostada atravesando la cama, mirando sin verdadero interés una película, cuando Katerina irrumpió en la habitación.

—Necesito tu ayuda —dijo y ella ni siquiera levantó la cabeza.

—Mañana.

—Tiene que ser ahora.

—Entonces busca a alguien emocionalmente funcional como para aguantarte —replicó Giulia con desgana.

—No es para aguantarme, es porque vamos a matar a alguien —sentenció Katerina y su hermana pausó la película de inmediato.

—Eso cambia las cosas. Instinto asesino sí que tengo ahora mismo —sentenció apartando la manta—. Alcanzaré la pala.

—Nop. No necesito que entierres un cuerpo. —Katerina arrojó algo sobre la cama. Giulia lo atrapó y frunció el ceño; era un uniforme de paramédica—. Lo que necesito es que reanimes a Emerson Blackwood.

Giulia se levantó de un tirón, como si la hubiera picado un escorpión en el trasero.

—¿Disculpa? —gruñó.

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