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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 234

10 AÑOS… CAPÍTULO 24. Una mujer en órbita

Una hora después Byron entró en la empresa Orlenko. No había vuelto a ver a Giulia desde aquella madrugada en su estudio, pero había imaginado aquel encuentro demasiadas veces y en ninguna versión ocurría así, con su tío muerto, Katerina bajo investigación y él apareciendo para pedir información informal sobre una confesión de asesinato de la hermana de Giulia.

Por suerte, su asistente lo reconoció inmediatamente.

—Señor Blackwood.

—Necesito hablar con Giulia —dijo y la mujer vaciló.

—No está aquí…

—¿Sabes dónde puedo encontrarla?

—No puedo darle esa información.

Byron apretó los labios.

—Es urgente. Se trata de algo que involucra a su hermana.

La expresión de la asistente cambió, aunque no lo suficiente.

—Entonces puedo darle el recado —accedió.

—No entiende, necesito hablar directamente con ella —insistió Byron.

—Lo entiendo, pero es que la señorita Orlenko no está viniendo a la oficina.

Byron entendió el mensaje oculto: Giulia no quería verlo de ninguna manera, aunque para evitarlo tuviera que evitar volver a la empresa.

—No vengo por... —empezó, pero se interrumpió antes de terminar, porque no quería mencionar ninguna relación entre ellos frente a otra persona—. Solo necesito saber si puedo ayudar con el asunto de su hermana. Dígale que por favor me llame.

—Se lo diré.

Byron permaneció allí unos segundos.

—¿De verdad?

—Le daré exactamente su mensaje.

Y ese era el problema, que no podía pedir más. Se marchó sabiendo que probablemente Giulia recibiría el recado, y también sabía que eso no significaba que fuera a responderlo.

Los días siguientes dividieron a las dos familias en crisis diferentes.

Los Blackwood intentaban organizar un funeral en medio de periodistas, rumores y preguntas sobre una cremación que nadie conseguía explicar satisfactoriamente. Byron se hizo cargo de todo lo que Jordan no podía enfrentar: llamadas, reuniones, invitados y problemas empresariales que parecían multiplicarse cada hora.

Al otro lado estaba Katerina. Su confesión había colocado a los Orlenko bajo el foco de una investigación que amenazaba con arrastrarlos a todos.

Y Giulia nunca llamó.

Tres días después, Byron llegó a la iglesia sintiendo que llevaba una semana sin dormir.

La ceremonia todavía no había comenzado y el interior ya estaba lleno. Familiares, ejecutivos, socios, conocidos y demasiadas personas que probablemente no habían hablado con Emerson durante años ocupaban los bancos.

Jordan estaba rodeado. Byron lo ayudó cuanto pudo, pero después de media hora de pésames, murmullos y conversaciones tensas sintió que necesitaba aire.

Salió por una puerta lateral. Los jardines de la iglesia estaban prácticamente vacíos, y caminó sin rumbo entre los senderos, agradeciendo los pocos minutos de silencio, hasta que una voz conocida lo detuvo.

—¡Byron!

Se giró y apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que una mujer corriera hacia él y lo abrazara. Byron se tensó instintivamente, más por la sorpresa que por el rechazo.

—¿Gio?

La mujer era pequeña, de mejillas rosadas y expresión suave, demasiado suave, como esas criaturas frágiles que parecen haber nacido para ser protegidas, como un caballito de mar… o una chinchilla. Ella lo estrechó durante varios segundos antes de separarse.

—¡Lo siento muchísimo! —exclamó juntando las cejas con un gesto de tristeza, y Byron consiguió relajar los hombros.

—Gracias.

—Me enteré de lo de tu tío y tomé el primer vuelo que encontré —explicó apresurada—. Intenté llamarte, pero…

10 AÑOS… CAPÍTULO  24. Una mujer en órbita 1

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