10 AÑOS… CAPÍTULO 25. ¿Por qué?
Gio lo miró como si acabara de abofetearla, pero no soltó la tela de su abrigo ni se alejó lo suficiente como para dejarlo respirar.
-¡No fue un error! ¡No te atrevas a decir que fue un error…!
—Para nosotros sí -replicó Byron con tono tajante, porque aunque no quería herirla, había tratado por todos los medios de no seguir alimentando aquella ilusión. Ella simplemente no quería parar, no quería abandonar, no quería rendirse.
—¡Nosotros nos amamos! -le gritó furiosa.
—Tú me amas —corrigió Byron con una tristeza que consiguió que las lágrimas terminaran cayendo por las mejillas de la mujer—. Y precisamente por eso no voy a seguir permitiendo que esperes algo que no puedo darte.
—¡Mírame por una vez! ¡Mírame, Byron!
—Te estoy mirando.
—¡No! —Gio se acercó hasta quedar prácticamente pegada a él—. ¡Mírame de verdad! Deja de pensar en todo lo que salió mal y piensa lo que podríamos ser…!
Pero él intentó dar un paso atrás.
—Gio, no quiero.
Sin embargo pocos rechazos son suficientes para una mujer determinada, y antes de que Buron pudiera ponerse difícil de verdad, ella se impulsó sobre los talones y lo besó.
Fue tan repentino que Byron tardó un instante en reaccionar. Después le sujetó los hombros y se apartó inmediatamente.
—¡No! ¡Maldición, Gio, te dije que no! -exclamó mientras ella empezaba a llorar, pero Byron ya no la estaba mirando.
Algo al otro extremo del jardín había capturado su atención… o alguien y sintió que su corazón se detenía cuando vio a Giulia allí.
Durante un segundo no pudo pensar en la mujer frente a él, en el beso que acababa de rechazar ni en el funeral que los esperaba dentro de la iglesia. Solo vio a Giulia al otro extremo del jardín, inmóvil, observándolo con una expresión imposible de descifrar.
—Giulia...
Ella arqueó una ceja y Byron apartó definitivamente las manos de la chica.
—Giulia… no es lo que parece.
Pero solo la vio soltar una risa breve mientras empezaba a caminar hacia él.
—¿Sabes algo? Cuando un hombre me dice eso, siempre le creo, porque nunca es lo que parece, normalmente es mucho peor.
Byron pestañeó incómodo, porque no era un santo, pero sabía muy bien que se había resistido.
—No… Ella me besó. Yo estaba diciéndole que...
—No tienes que explicarme nada -siseó Giulia-. Al menos no eso. Lo que quiero es que me repitas cómo la llamaste.
En ese momento la mujer, que había permanecido junto a él todavía metida en su drama, secándose las lágrimas, levantó finalmente la mirada hacia Giulia y palideció.
El cambio fue tan evidente que incluso Byron lo notó. Y por supuesto que Giulia también.
Sus ojos se estrecharon mientras examinaba a la mujer. La vio retroceder instintivamente y ese pequeño movimiento consiguió que Giulia olvidara por completo el beso. Había algo familiar en su rostro. No sabía qué.
Byron dio un paso hacia ella.
—Giulia, ella es...
-¡Repite cómo la llamaste! -insistió ella perdiendo la paciencia, y Byron no entendía, pero le respondió sin dudar.
—Gio -murmuró y Giulia se quedó inmóvil.
—¿Cómo?
—Gio —repitió Byron—. Giorgia solamente es una amiga.
La respiración de Giulia cambió. Ya no estaba mirando a Byron. Miraba exclusivamente a la mujer.
—¿Giorgia?
—Sí.
—¿Ese es su nombre? -siseó con una rabia tan densa que la otra dio un paso atrás.

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