Dicho eso, Javier tapó el micrófono del celular y se levantó para ir a hablar con Florencia.
Pero antes de que pudiera moverse, Alejandro extendió la mano y dijo:
—Dámelo, yo hablo con ella.
Javier no tuvo otra opción. Le pasó el celular.
Se quedó tenso, rogando que Florencia no dijera nada que los delatara.
Por suerte, la conversación fue completamente normal.
Javier no escuchó lo que ella decía, pero Alejandro accedió a verla. Todo parecía igual que siempre. Javier soltó el aire y estiró la mano para recuperar el celular.
Pero Alejandro, sin que quedara claro si fue a propósito o no, tocó el historial de conversaciones con Florencia.
En la pantalla aparecieron varios registros de llamadas.
Javier sintió que el corazón se le salía del pecho.
—Hablan bastante seguido —dijo Alejandro.
—Estos días Florencia ha estado muy preocupada por ti, pero no quería molestar a nadie de los García, así que me estuvo llamando —respondió Javier, con el corazón acelerado—. Además, con su estado necesita venir al hospital con frecuencia.
Alejandro no dijo nada. Le devolvió el celular.
Javier le echó un vistazo rápido a la pantalla. No vio nada fuera de lugar. Respiró.
***
Después de colgar, Florencia fue al clóset y escogió la ropa que a Alejandro siempre le había gustado verle puesta. Se arregló el cabello con cuidado. Se revisó de arriba a abajo antes de salir hacia el hospital.
Desde que Alejandro volvió, no había querido recibirla.
Era obvio que la denuncia de Gabriel y las pruebas lo habían afectado. Había algo en él que ya no era igual.

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