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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 255

A Diego se le paró el corazón por un segundo:

—Melina, ¿qué es ese ruido? ¿Por qué se oye un bebé llorando?

Melina respondió con toda la calma del mundo:

—Ah, sí. Tengo a tu hija conmigo.

—Te dije que le hicieras una prueba de paternidad y te tardaste siglos en ir a pedírsela a Amaya. Ni modo, ¡tuve que ir a quitársela yo misma!

—Le acabo de arrancar un par de pelitos y no deja de chillar. ¡Qué niña tan latosa!

Diego no podía dar crédito a lo que escuchaba.

Leonor acababa de meterlo en un problema gigante que ni siquiera había terminado de arreglar, ¡¿y ahora resultaba que Melina se había robado a la niña?!

Diego sintió que le temblaba el pulso por la sorpresa:

—Melina, ¡¿estás loca?!

—¡¿Cómo te atreves a robarte a la niña?! ¡¿Qué demonios pretendes?! Es mi hija, y te lo advierto de una vez: si te atreves a lastimarla, ¡te juro que me las vas a pagar!

Desde la otra línea, Melina sonaba de lo más relajada, como si no pasara nada malo:

—Ya mandé sus cabellos junto con tu cepillo de dientes al laboratorio para la prueba. Seguro que los resultados no tardan.

—Ay, hermanito, no te exaltes tanto. Todavía ni sabemos si esta mocosa de verdad lleva tu sangre. Ya cuando confirmes que es tuya, me amenazas todo lo que quieras.

—Y si resulta que no es tuya, a la que no se la vas a perdonar es a Amaya, jajaja... Ya quiero ver el escándalo que vas a armar. De solo pensarlo me emociono.

Además del llanto de la bebé, de fondo se escuchaba una música ensordecedora y el chocar de copas.

A Diego le hirvió la sangre de la rabia. Le gritó al celular con furia:

—Melina, ¡¿dónde carajos estás con mi hija?!

—¡¿Por qué hay tanto ruido?!

Melina contestó de inmediato:

Si Amaya se enteraba de que Melina se había llevado a su pequeña al antro, seguramente querría matarlos a todos, ¿no?

Diego ni siquiera quería pensarlo. Salió corriendo del edificio, tropezando por la desesperación.

Justo cuando se disponía a buscar el paradero de la niña, chocó de frente con una Amaya desorientada que no paraba de llorar.

Amaya acababa de salir por la puerta del Registro Civil cuando recibió una llamada de Marta.

Marta lloraba a mares por el teléfono. Le contó que en la tarde había sacado a pasear a Renata al parque en su carriola, como siempre, cuando de pronto una camioneta sin placas se detuvo, bajaron dos hombres y se robaron a la bebé.

Todo pasó en cuestión de segundos.

Para cuando Marta pudo reaccionar, ya se habían llevado a Renata y la camioneta había desaparecido.

Al escuchar eso, a Amaya se le doblaron las piernas y rompió en llanto al instante.

Le ordenó a Marta que llamara al 911 de inmediato. Luego, se comunicó con Saúl y le exigió que encontrara a Renata a cualquier costo, que removiera cielo y tierra si era necesario.

Apenas acababa de tramitar su solicitud de divorcio con Diego y enseguida ocurría una tragedia como esta.

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