Amaya bajó la mirada, fijando los ojos en la pantalla del celular de Sofi.
En la imagen, Vera Ramos lucía un exagerado vestido rosa tipo princesa, coronada con una tiara brillante, caminando con la nariz alzada del brazo de un hombre maduro en la entrada del salón de banquetes contiguo.
Su rostro resplandecía con una sonrisa casi cegadora; se la veía radiante, como si tuviera al mundo entero a sus pies.
Amaya conocía perfectamente al hombre que la acompañaba.
Al observar con detenimiento, reconoció al presidente del Grupo Vanguardia, el señor Navarro, uno de los clientes más importantes del Estudio Eje.
¿Por qué estaban tan unidos?
Amaya frunció levemente el ceño, y su mirada descendió hacia el letrero del fondo, donde resaltaban unas palabras enormes: "Fiesta de Reconocimiento".
Sintió que la sangre se le helaba por un instante, pero pronto esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo:
—Sofi, entonces, ¿la protagonista de la fiesta de al lado es Vera? ¿Su padre biológico es el señor Navarro?
Sofi asintió con fuerza, hablando entre dientes:
—¡Sí! ¡Yo tampoco me lo esperaba!
—¡Es increíble la perra suerte que tiene esa mujer! Adoptada desde niña por la adinerada familia Ramos, criada por la familia Muñoz, casada con Romeo... ¡y ahora que se divorcia, resulta que su verdadero padre es un magnate! ¿Cómo es posible que toda la fortuna del mundo le caiga del cielo? ¡Se sacó la lotería sin comprar boleto!
Sofía estaba furiosa y escupió al suelo con desdén.
Amaya también estaba sorprendida.
Sin duda, Vera tenía unas cartas excelentes en la mano.
A pesar de sus altibajos, el destino siempre le había sonreído.
Lástima que ella misma se hubiera encargado de arruinar su propia jugada.
¿De qué le servía tener a un padre millonario ahora?
Con esa personalidad tan superficial y explosiva, Amaya estaba segura de que ni aunque bajara el mismísimo Dios a ayudarla, Vera lograría salvarse de su propio desastre.
Un segundo después, el ritmo tropical y festivo inundó el salón, atravesando las paredes con una fuerza imparable:
"¡Epa! ¡Que suenen los tambores, que empiece la fiesta! La vida nos sonríe... ¡Hoy es un buen día, todo lo que sueñas se hará realidad!"
En la entrada del salón contiguo, Vera sonreía de oreja a oreja mientras recibía a los invitados junto al señor Navarro.
Que su padre le hubiera organizado una fiesta tan espectacular la llenaba de orgullo.
Estaba en su mejor momento cuando, de repente, escuchó la ruidosa música tropical proveniente de al lado.
Vera frunció el ceño de inmediato y se tapó los oídos con horror:
—¡Por Dios! ¿En qué época viven? ¿Quién pone esa música tan naca hoy en día?
Aunque el señor Navarro seguía sonriendo, también le pareció molesto. Estaba feliz de haber recuperado a su hija, pero ese ruido arruinaba la elegancia del evento.
—Sí, es un poco ruidoso. Mandaré a alguien a quejarse.

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