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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 406

Amaya respiró hondo, obligándose a mantener la compostura.

Paseó la mirada rápidamente por los percheros hasta que señaló un elegante traje oscuro que lucía un maniquí en la vitrina.

—Sus medidas son 102 de pecho, 80 de cintura y 98 de cadera. Camisa talla 40 y traje talla 52. Consígame un conjunto con esas dimensiones.

A la vendedora le brillaron los ojos y empezó a elogiar las medidas sin parar.

—¡Vaya! Por las medidas, su caballero tiene un cuerpo envidiable. Hombros anchos, cintura estrecha... ¡Ese corte le quedará espectacular! Debe medir al menos un metro ochenta y cinco, ¿verdad? ¡Tiene porte de modelo!

Amaya guardó silencio.

Sentía que el rostro le ardía aún más. Le acababa de decir que no era su esposo ni su novio, ¿y la chica insistía en hacer comentarios de ese tipo?

La empleada empacó ágilmente el traje, la camisa y una corbata en un impecable portatrajes.

Amaya sostenía las bolsas, sintiendo que le sudaban las manos.

Aún faltaban los zapatos y... la ropa interior.

Se dirigió a la sección de calzado y, recordando el estilo de Romeo, señaló unos elegantes zapatos de cuero en tono marrón oscuro.

—Estos, en talla 43.

Finalmente, llegó a la parte que más la incomodaba.

Era la primera vez en toda su vida que le compraba ropa íntima a un hombre.

Durante los cinco años que estuvo con Diego Muñoz, de vez en cuando le ayudaba a combinar alguna chaqueta, pero él siempre compraba su ropa interior. Nunca llegó a saber qué talla usaba.

Y ahora, irónicamente, conocía a la perfección las medidas de Romeo...

Pensar en eso le revolvió el estómago de una forma extraña, como si algo le hiciera cosquillas en el pecho. Su voz salió casi como un susurro.

—Y necesito... un par de bóxers. En talla XL. Que sean de seda transpirable.

La vendedora notó el nerviosismo de Amaya y esbozó una sonrisa cargada de complicidad mientras elegía dos prendas cuidadosamente empacadas.

—Tiene muy buen gusto, señorita. Estos son los más vendidos. Tienen un ajuste perfecto, no aprietan y la tela es muy fresca. Tratándose de un caballero con esa talla, le garantizo que estará muy cómodo.

Amaya no supo qué responder.

¡Esa empleada lo hacía a propósito!

Romeo esbozó una sonrisa al tomar las prendas.

—Perfecto.

Amaya salió de la oficina. Poco después, Romeo salió completamente renovado.

—El traje y la camisa me quedan como un guante. Aunque la ropa interior... me aprieta un poco, pero está bien. Muchas gracias, Ami.

Lo dijo con total naturalidad, sin doble intención.

Amaya se dio la vuelta y lo vio ajustándose los gemelos de los puños.

El traje gris oscuro de corte impecable se adhería perfectamente a su figura imponente, resaltando la amplitud de sus hombros y lo ceñido de su cintura. Emanaba un aura de elegancia y autoridad innegable.

La empleada tenía razón: Romeo tenía porte de modelo.

El corazón de Amaya dio un pequeño vuelco. Justo cuando iba a decir algo, una voz femenina, aguda y arrogante, resonó desde la entrada.

—¿Qué clase de desastre es el Estudio Eje? ¡Estaba a punto de cerrar un trato con ustedes y amanecen protagonizando un escándalo nacional!

—¿No creen que me deben una buena explicación?

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