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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 567

El mundo es muy extraño; a veces resulta ser demasiado pequeño.

A la gente que menos quieres ver, es a la que te encuentras con mayor facilidad.

Cuando sus miradas se cruzaron, el ambiente se llenó al instante de tensión y desconfianza.

Al mismo tiempo, Beatriz y Ximena se interpusieron por instinto frente al carrito de Reni, como si temieran que esa gente del otro lado fuera a lastimar a la niña.

Amaya, de pie detrás de las dos madres, sintió una profunda mezcla de emociones.

Por sangre, Ximena no tenía ningún parentesco con Reni, mientras que del otro lado estaban los familiares directos de la bebé, a excepción de Valeria.

Pero en cuanto al afecto, Ximena llevaba poco tiempo conociendo a Reni, y aun así la cuidaba de corazón y la protegía por instinto.

En cambio, la mujer de enfrente, que supuestamente era la abuela biológica de Reni, jamás le había dirigido ni una mirada de cariño, ni había mostrado el menor interés en ella.

El contraste era brutal. Ver la frialdad y lo amargo de la naturaleza humana era suficiente para que Amaya sintiera un resentimiento genuino.

Había llevado a Reni a pasear después de que la niña finalmente superara su enfermedad; no quería que su hija se impregnara de la mala vibra de esa familia.

Al ver que ellas también estaban allí para comer, Amaya sintió que el aire del lugar se había vuelto tóxico.

Se giró hacia Beatriz, Ximena y los demás para decirles:

—Mejor vamos a otro lado.

Dicho eso, dio media vuelta para empujar el carrito.

Pero en ese momento, la voz cargada de veneno de Josefa resonó a sus espaldas:

—¡Amaya! ¡Detente ahí mismo!

—¡Eres una maldita, hundiste a mis dos hijas hasta el fondo! ¡No te atrevas a huir, tienes que pedirles perdón de rodillas!

Josefa, impulsada por su instinto protector como madre, sintió cómo todo su odio estallaba al ver a Amaya.

No le importó que estuvieran en un lugar público a punto de comer.

Se lanzó al ataque sin dudarlo, señalando a Amaya con furia.

—Tú sabes perfectamente lo que hiciste, no te hagas la mosquita muerta. Te lo pregunto una sola vez, ¿les vas a pedir perdón a Melina y a Vera, sí o no?

Amaya la miró con desdén y habló con una calma helada:

—¿Por qué tendría que pedirles perdón? Señora Ponce, primero aclare exactamente qué pasó para que yo tenga que disculparme.

—Tú...

Josefa se quedó sin palabras por la rabia. Tardó unos segundos en reaccionar antes de estallar en gritos, con el dedo a punto de rozarle la nariz a Amaya:

—¡Deja de hacerte la tonta conmigo!

—¡Mira cómo están Melina y Vera, llenas de heridas, con cicatrices sobre cicatrices, ni siquiera pueden ponerse la ropa! ¿Vas a decirme que no fuiste tú la que orquestó todo esto?

—¡Eres una víbora sin corazón! Si hubiera sabido la clase de basura que eras, ¡jamás habría permitido que entraras a mi familia, ni muerta!

—¡Pídeles perdón ahora mismo! O si no, yo... yo te... yo...

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